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sábado, 10 de diciembre de 2011

2012...

Una de las obsesiones de la civilización occidental ha sido ese persistente temor a la destrucción del universo o, por lo menos, del mundo en que vivimos. Existe hoy un sector de la opinión pública al cual estas propuestas resultan fascinantes sin importar la inexistencia de evidencias de que ese apocalíptico evento en verdad ocurra.


Ya es de todos conocido que circula una nueva leyenda en torno a la inminencia del fin de los tiempos que beneficia a varios profetas del desastre, justo como ocurrió en 1999, con los temores del llamado "Problema informático del año 2000" (Y2K, error del milenio, etc; justo al que se hace referencia en la portada del Time que ilustra el inicio de este post), el cual incluía un hipotético caos global al inicio del año 2000, causado por una imperfecta datación en los calendarios de las computadoras.

Esta vez se asevera que el final, o sea el Armageddon, ocurrirá en diciembre de 2012. Esto implica otorgarle un carácter cabalístico y trascendente a algo tan arbitrario como es el calendario gregoriano, y tan imperfecto como es el recuento de años transcurridos desde el inicio de la era común o cristiana, el cual tiene un error de al menos cuatro años en su inicio, ya que se sabe bien que Herodes el Grande, protagonista fundamental de lo ocurrido al nacer Cristo, murió en el año 4 aC.

A los anglosajones les agrada denominar al fin del mundo con el vocablo Armageddon, en recuerdo de una batalla bíblica histórica. Sin embargo, Armageddon es un término bíblico que sólo aparece en una ocasión en los más de 7,000 versículos de la Biblia (en el libro del Apocalipsis, capítulo 16, versículo 16). Por ello es que se usa como sinónimo de apocalipsis, o desastre fatal y terrible. Con él se alude, en varias religiones y culturas, al fin del mundo o al fin del tiempo mediante múltiples catástrofes.

Pero la situación se complica con la inclusión en esta trama de las llamadas Profecías de los mayas, las que según Adrian Gilbert –uno de los principales promotores internacionales de este actual rumor– señalan que el fin de los tiempos ocurrirá, ya sea el día 12 del mes de diciembre de 2012 (12/12/12) o bien el día 21.

Para hacer esta afirmación, el autor se basa en la idea de que la llamada cuenta larga del calendario usado por la civilización maya del antiguo imperio abarca un ciclo de 5125 años solares de trece ciclos, mismo que concluiría en el año 2012 de nuestra era, pero en ninguna inscripción maya se afirma que ello implique el fin catastrófico del mundo, sino sólo el fin de un ciclo y la reanudación de otro ciclo similar.


Quienes afirman que las profecías mayas tienen alguna vigencia no pueden demostrar la existencia de algún intento de este pueblo por profetizar eventos ubicados en un futuro tan lejano para ellos como sería este apocalípsis planetario. En cambio, los mayas se preocupaban, sobre todo, por evitar los cataclismos cósmicos inmediatos derivados de la terminación de sus siglos. Les interesaba también llevar una cuenta detallada de los años para poder ubicar las genealogías de sus monarcas, al igual que usar las cuentas de años con fines rituales, con los cuales cumplir los complicados requerimientos de sacrificios de sus cosmovisiones religiosas.

Como una de las civilizaciones más avanzadas de su época, los mayas se daban cuenta de que no funcionaba el pronosticar eventos naturales o históricos del mundo real y, desde luego, no lograron profetizar ni prever su propia e inminente decadencia, así como la caída de su imperio a partir del siglo XVIII de nuestra era. Mucho menos se puede identificar, en esas supuestas profecías mayas, un acontecimiento tan traumático y devastador como la conquista española, ocurrida a partir de 1521.

Por otro lado, en realidad no hay evidencia alguna que demuestre la posibilidad de destrucción de la Tierra en un plazo previsible. Lleva cerca de 5 mil millones de años de existencia sin incidentes graves. La vida en el planeta tiene unos 4 mil millones de años de antigüedad y sólo se ha visto relativamente amenazada por la caída de asteroides o el impacto periódico de cometas, que nunca han logrado acabar con el mundo natural. El Sol, por su parte, es mucho más estable y no es del tipo de estrellas que podrían estallar en una nova o una supernova.

Nada hay en este momento, en lo que se puede observar del sistema solar desde la Tierra, que implique una amenaza grave y tampoco existen condiciones geológicas o climáticas que permitan prever algún tipo de desastre global del día de hoy al año 2012, por lo que convendría no hacer caso a los negociantes del alarmismo cósmico...

miércoles, 20 de julio de 2011

El cerebro de un Zombi...

Empezó como una especie de broma y ha terminado dando lugar a varios artículos, entrevistas, infografía e incluso investigaciones. En colaboración con la "Zombie Research Society" (Sociedad para la Investigación de los Zombis), el neurocientífico Bradley Voytek y su colega Timothy Verstynen han analizado el comportamiento de los zombis que aparecen en cómics y películas desde un punto de vista neurológico, y el resultado es entender sus desórdenes y así evitar un hipotético ataque (XD jaja).

"Este trastorno, al que hemos bautizado como "Trastorno Hipoactivo de Déficit de Conciencia", escribe Voytek, "se caracteriza por la pérdida del comportamiento racional, voluntario y consciente y su sustitución por agresiones compulsivas, atención conducida por estímulos y la incapacidad de coordinación motora y lingüística".
Traducido: los zombis tienen el cerebro hecho papilla y para demostrarlo, Voytek y su colega han reconstruido el hipotético escáner cerebral de un zombi en comparación con el humano. Las áreas el color naranja son las zonas destruidas en el cerebro de un "muerto viviente":

Este nivel de daños cerebrales, aseguran los científicos, conduce a un patrón de violencia y apatía social y los pacientes tendrían "pocas posibilidades de rehabilitación", bromean. De hecho, añade Voytek, la única recomendación posible sería la inmediata puesta en cuarentena del individuo afectado, aunque se atreven a dar algunas instrucciones básicas para defenderse de un ataque, en función de las características que los zombis presentan de forma habitual:

1. Daños en el cerebelo: ataxia

Este daño en el cerebelo explicaría su movimiento lento y descoordinado característico de los zombis, por lo que la primera opción es correr o subirse a un lugar elevado. En cualquier caso, advierten, hay que tener cuidado con una segunda clase de zombis, los zombis "rápidos", que no tienen este problema y son mucho más peligrosos.

2. Daños en el lóbulo temporal: mala memoria
Otra de las características de los zombis es que enseguida olvidan lo que estaban haciendo. El daño en el lóbulo temporal provoca un problema con la creación de recuerdos, de modo que permanecer un rato escondido es una buena estrategia, hasta que el zombi se distraiga con otra cosa.

3. Daños en la corteza parietal: no sienten dolor.
Si no puedes matar a un zombi arrancándole la cabeza es mejor que no luches con él, porque ellos no sienten dolor y tú sí. Esta característica se explicaría por los daños en la corteza parietal.

4. Síndrome de Bálint.
Parte de estos daños en la corteza parietal explicaría que los zombis sean víctimas del síndrome de Bálint, una enfermedad que se manifiesta en dificultad de mover los ojos y calcular distancias, de modo que no resulta difícil escapar de su mirada y distraerlos.

5. Síndrome de Capgras
"Curiosamente", apunta Voytek, "los zombis también parecen sufrir alguna forma del síndrome de Capgras", es decir, no reconocen a los familiares ni a las personas que apreciaron en vida. Por eso, si no puedes huir, imitar sus movimientos puede ser una buena estrategia para que te consideren uno de ellos.

6. Daños en la corteza prefrontal: imposible comunicarse.
Finalmente, los daños en la corteza prefrontal harían imposible cualquier intento de comunicarse con un zombi o tratar de hacerle entrar en razón. Es decir, a pesar de que puede ser uno de tus seres queridos, no hay razonamiento con ellos. Su corteza prefrontal, así como la producción del lenguaje y las áreas de comprensión, están tan dañados que no hay ninguna posibilidad de comunicación. "¡No seas víctima de tu propia ignorancia del cerebro!", bromean los autores.

Por supuesto, estos aspectos no pretenden hacer burla de las personas con daños cerebrales, ni decir que estas personas con daño cerebral sean zombis, son solo un intento de enseñar algo de ciencia de forma divertida. Si alguien aprende algo sobre el cerebro en el camino, tal como señala Voytek, se habrá alcanzado el objetivo.

martes, 5 de julio de 2011

El libro sin título...

Este libro, que fue inicialmente titulado como “El libro sin Título” habla sobre uno de los tabúes más antiguos: El de la masturbación, y tiene como objetivo convencer al lector de lo pernicioso de este acto. Fechado en 1830 y se distingue por lo curioso de las imágenes coloreadas a mano que son representaciones del deterioro progresivo físico y moral del joven que efectúa pernicioso acto. Un cuento moral de advertencia.

Alguna vez, hace un par de años, vi las ilustraciones (que me provocaron cierta risa), lo vuelvo a encontrar y se los comparto...
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Joven y sano, la esperanza de su familia...

Comienza a corromperse. Carga con la culpa de sus actos y su espalda se joroba...

Sufre terribles dolores estomacales...

Sus ojos, antes puros y brillantes, se vuelven opacos como si una niebla los cubriera...

No puede caminar más. Debe usar muletas...

Tiene terribles pesadillas y le cuesta trabajo dormir...

Sus dientes se pudren y caen...

Su pecho arde, escupe sangre...

Pierde el pelo como si fuese una persona vieja...

Tiene hambre, pero su estómago es incapaz de retener la comida...

Vomita sangre...

Su cuerpo se llena de pústulas y ofrece un espectáculo horrible...

Una lenta fiebre lo consume y lo devora...

Su cuerpo se pone rígido y sus miembros se paralizan...

Delirante, lucha contra la muerte que poco a poco va ganando terreno...

A los 17 años, muere entre indescriptibles tormentos...


XD

lunes, 27 de junio de 2011

La Tierra y su futuro, ¿incierto?...


Uno de los hechos que más me asombraban de niño, era saber que un día (aún muy lejano), el Sol se apagará en un estallido estelar, superior a todas las escalas que nos es posible imaginar. Y todo lo que vemos a nuestro alrededor, el cielo, el océano, y la Tierra misma, dejarán de existir.

Pues bien, como sucede en la ciencia, esta afirmación podría cambiar en el futuro. Por ejemplo, si la distancia entre el Sol y la Tierra (aprox 150 millones de kilómetros) que se debe a la fuerza gravitacional entre la masa de ambos cuerpos, se modificara dependiendo del aumento o disminución de la masa del Sol, esto afectaría la vida en la Tierra. Sucede que el Sol está cambiando continuamente al llevar a cabo procesos de fusión en su interior y quemando su propio combustible. De este modo, si pierde masa, llegará un momento en que la fuerza gravitacional será más débil y la distancia que separa a la Tierra del Sol, será mayor. Las órbitas de los planetas se extenderán y el Sol, al expandirse como una estrella roja en su vejez, devorará seguramente a Mercurio y a Venus; pero no necesariamente lo hará con la Tierra, debido a que la distancia que separa al Sol de la Tierra, se extenderá aún mas; aunque de todas maneras tendría consecuencias nefastas para la vida.

Contrario a lo que se pudiera pensar, investigaciones recientes parecen indicar que el Sol, al perder masa, se expandiría mucho más de lo calculado anteriormente, pero aún con la distancia ganada (por el debilitamiento de la gravedad del Sol), el destino de la Tierra parece estar sellado.
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¿Tenemos alguna opción? En todo caso, ésta dependerá del conocimiento científico que tengamos y de un cambio en la visión innovadora de nuestra civilización. Esto es posible, aunque ahora mismo se escuche como ciencia ficción. Veamos.

El Sol se formó a partir de la aglomeración de gas estelar, mayormente hidrógeno y helio, en algún rincón muy denso de alguna nebulosa. Al ir aumentando la masa, la presión aumentó también, hasta que fue tan alta que el hidrógeno empezó a fusionarse y a transformarse en helio. En este proceso de fusión, se produce energía (luz y calor). El Sol transforma en su núcleo 700 millones de toneladas de hidrógeno en helio cada segundo que pasa, a una temperatura de 15 millones de grados centígrados. Esta radiación de energía es lo que permite que el Sol no se contraiga sobre sí mismo debido a su enorme masa. El equilibrio entre el ritmo de producción de energía y la de fuerza de presión (debida a la enorme masa del Sol y a la temperatura) permite que nuestra estrella se mantenga en el estado en que lo conocemos.

Llegará un momento en que el equilibrio se romperá. La tasa a la cual el Sol genera energía, será menor que la gigantesca presión ejercida por su masa; esto, para nosotros, no es una buena noticia. Desde su nacimiento, el Sol ha ido consumiendo su combustible acumulando helio en su centro. Este helio no es fusionable debido a que se requieren temperaturas más elevadas (por encima de 100 millones ºK). Ya que la cantidad de hidrógeno presente en el Sol disminuye continuamente, para mantener el equilibrio y evitar el colapso, se tiene que consumir más combustible en menos tiempo, esto es, el proceso de fusión debe llevarse a cabo con más rapidez (para entender lo anterior imagina lo siguiente: Una superficie formada de focos incandescentes con una misma luminosidad; si en un principio tuviéramos 60 focos, sería sencillo lograr cierta luminosidad. Si después de un tiempo, el número de focos se hubiera disminuido a 30, en orden de mantener la luminosidad de toda la superficie al mismo nivel, cada foco restante debería ser más luminoso que antes, por lo que cada uno consumiría más energía que antes en menos tiempo). La generación de energía del Sol se da a partir de estos procesos de fusión, es decir: con la tasa de transformación de hidrógeno a helio. Si esta tasa es más alta, el brillo aumentará en consecuencia.

De hecho, el Sol es ahora 40 veces más brillante que cuando nació. Poco a poco, dentro de cientos de millones de años, el ritmo de fusión se incrementará aún mas. Aproximadamente en 1000 millones de años, el Sol será 10 veces más brillante y pasará de 5000ºC en su superficie a aproximadamente 5800ºC. En forma paralela, el aceleramiento de los procesos de fusión y su subsecuente aumento en la producción de radiación, también implicarán un aumento en el tamaño del Sol. Según las teorías clásicas, dentro de 12000 millones de años, el diámetro del Sol será de unos 150 millones de kilómetros (actualmente el radio del Sol es de casi un millón y medio de kilómetros) y se habrá convertido en una Gigante Roja hecha casi toda de helio. Ya sin reservas de hidrógeno la fuerza de gravedad y la presión ejercida por la masa del Sol serán mayores que la emisión de radiación, y el Sol se colapsará. Sin embargo, debido al colapso, las presiones y temperatura aumentarán y el helio se fusionará en carbón y oxígeno. El Sol generará energía a una tasa más elevada y entrará así a la última etapa de su vida, que durará alrededor de 100 millones de años. Para estas alturas, el Sol tendrá un diámetro de 300 millones de kilómetros y habrá cumplido una vida de 12 300 millones de años.

Mucho antes de que esto suceda (dentro de unos 7600 millones de años) seguramente la vida en la Tierra habrá terminado. Según las teorías clásicas de evolución del Sistema Solar, Mercurio y Venus serán irremediablemente engullidos, sin embargo el futuro de la Tierra podría ser incierto. En febrero de 2008, se descubrió una versión a escala reducida de nuestro sistema solar, con un par de planetas parecidos a Júpiter y Saturno. Fue encontrado orbitando una estrella de cinco mil años luz de distancia en la constelación de Escorpión, por lo que el número total de exoplanetas conocidos son más de 250. Los descubrimientos recientes de planetas gigantes orbitando estrellas ya consumidas abren una pregunta: ¿la Tierra es capaz de sortear a la muerte del Sol?
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En el proceso de transformarse en una gigante roja, el Sol expulsará también gran parte de su masa y la atracción gravitacional sobre los planetas del Sistema Solar será más débil, por lo que estos se moverán hacia órbitas mas lejanas. La Tierra terminará en el lugar que ahora ocupa Marte, exactamente en la línea imaginaria que determina si es devorada por el Sol o no. Al tiempo que la Tierra se mueve hacia una posición más segura, la fuerza de gravedad tenderá a moverla hacia adentro, atrayéndola hacia el Sol. Que la Tierra sea engullida o no, dependerá de cuál de los dos procesos gane. Un análisis de Kacper Rybicki del Instituto Polaco de Geofísica y Carlos Denis de la Universidad de Liege, concluyeron que existía, de hecho, una posibilidad de que la Tierra escapase al aumento progresivo del tamaño del Sol.

Sin embargo, investigaciones recientes realizadas por Klaus-Peter Schroeder de la Universidad de Guanajuato, México, y Robert Connon Smith de la Universidad de Sussex en Inglaterra, concluyen que esta posibilidad no existirá. Ellos desarrollaron un nuevo método para calcular cuánta de la masa del Sol se perderá durante su expansión y de este modo saber el tamaño que tendrá y por consiguiente la distancia que la Tierra se alejará de su órbita. Sus resultados muestran que, paradójicamente, mientras más masa pierda, el Sol se expandirá aún más. Los resultados también indican que se perderá aproximadamente un tercio de la masa solar (menos que el cuarto de masa estimado anteriormente). Como consecuencia el Sol convertido en gigante Roja será a lo máximo 256 veces mas grande que lo que es ahora y 2730 veces más luminoso. Para la Tierra, esto no significa ningún cambio con respecto a lo que ahora se sabe, debido a que será devorada por las llamas del Sol envejecido y caerá eventualmente en su gravedad.

¿Existe alguna salida para los habitantes de la Tierra (sean humanos, robots, o una combinación de ambos) en miles de millones de años?

Una opción es irse a otro planeta en otro sistema estelar. Otra, es el de incrementar el desarrollo de una ingeniería a gran escala y de alto riesgo.

Según un artículo de 2001 producido por Don Korycansky y Gregory Laughlin de la Universidad de California, del mismo modo que las sondas y naves espaciales ganan velocidad interaccionando con los campos gravitatorios de otros astros en un cierto “billar cósmico”, si la Tierra se moviese de su órbita por medios artificiales (tan sólo un poco), de tal manera que se generen encuentros regulares con algún cometa o asteroide, entonces podría aprovechar el campo gravitatorio de aquél otro ente y acelerar su distanciamiento del Sol. Existen sin embargo, profundas cuestiones éticas que responder con respecto a esta posibilidad, ya que un error en los cálculos produciría una colisión entre la Tierra y aquél astro elegido para acelerarla, costo que es a todas luces, inaceptablemente alto.
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sábado, 18 de junio de 2011

¿Se puede oler el miedo?...


Seguramente más de alguno recordará cuando se nos decía que no le tuviéramos miedo a un perro, porque los perros pueden oler el miedo, y es por ello que atacan a las personas que sienten este miedo, precisamente por encontrarlas más vulnerables o por pensar que les pueden atacar... pero ¿Que de cierto existe en esto?.

¿Se puede oler el miedo?
La respuesta es ¡Sí!, pero inconscientemente.

Se sabe que el ser humano incrementa la producción de ciertas hormonas (catecolaminas) en casos de ansiedad, de peligro o de emoción intensos. Ese aumento de secreción se traslada a la piel y la sudoración la expone a olfatos sensibles, como los de los animales. Así que se cree que, cuando un animal lo percibe, lo interpreta como la “antesala” de una reacción agresiva, y se pone en alerta.

Es decir que el perro, por ejemplo, al percibir estos "olores" los interpreta como "posibilidad" de ser atacado; como reacción a esto se prepara para el ataque él mismo. Ello se traduce en gruñidos y mostrar los dientes a su posible adversario cuando se siente capacitado para enfrentarse a él o, por el contrario, el perro opta por salir huyendo. Los perros perciben, por tanto, ciertos olores como una señal de alarma.

Según un estudio publicado por psicólogos alemanes de la Universidad de Düsseldorf, concluye que los seres humanos también pueden percibir el miedo de otras personas inconscientemente a través de la nariz, lo que activaría en el cerebro las regiones que reconocen el estado de angustia y de miedo y que desarrollan el sentimiento de compasión, según explica el estudio.

En una reciente investigación suiza, quedó comprobado que la nariz de los mamíferos contiene un sensor especializado que detecta el miedo.

El "ganglio de Grueneberg" es una pequeña bolita de células esféricas ubicadas cerca de la punta de la nariz, y es capaz de percibir sustancias químicas de alarma emitidas por congéneres, informa la investigación realizada por el equipo de la Universidad de Lausana.

Una publicación de la revista Science dejó en claro que el especialista Julien Brechbühl y sus colegas demostraron esta utilidad de la nariz aunque el órgano había sido descubierto en 1973.

Los autores de la investigación utilizaron microscopia electrónica para estudiar la morfología de este ganglio y determinaron que estas neuronas tienen características similares a otras neuronas olfatorias.

Así que por mucho que lo intenten, quienes pretendan ocultar su pánico ante los canes no podrán hacerlo, y a pesar de un buen baño tampoco pasarás desapercibido ante otra persona cuando tengas miedo...

martes, 7 de junio de 2011

OMS, celulares y cáncer... ¿Alarmismo?



Con un poco de alarmismo y posiblemente un poco de irresponsabilidad, en los últimos días la OMS ha clasificado a los celulares como “posible” causa de glioma, un tipo de tumor cerebral, y neurinoma del acústico, un tumor benigno en un nervio del oído.

Y es que la comunidad científica recibió el 31 de mayo con reservas esta noticia ofrecida en rueda de prensa, de la que apenas se conocen los detalles, dado que transcurrirán más de seis meses hasta que se publique la monografía para cuya elaboración se reunieron 31 científicos, entre el 24 y el 31 de mayo, en la sede del organismo, en Lyon (Francia).

Emilio Alba, presidente de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM, al respecto menciono: "Lo que dicen es bastante inconsistente. ¿Qué quiere decir que potencialmente puede causar cáncer en humanos? ¿Da cáncer o no da cáncer?".. Para Alba estos son suficientes datos para asustar a mucha gente.

Pere Gascón, jefe de Oncología del Hospital Clínic de Barcelona: "Los estudios epidemiológicos son importantes, pero hay que tomarlos como tales, como trabajos por asociación."


En cualquier caso, los campos electromagnéticos de las radiofrecuencias de los celulares aparecen englobados en el mismo nivel de “nocividad” que la sacarina, la cafeína y el plomo.

Si hay algo que asusta al ser humano, son las radiaciones. Esos entes invisibles, dañinos y letales, capaces de modificar el ADN y convertirnos en asquerosos mutantes, para los que no hay vacuna o anticuerpo que valga, son el ingrediente básico de todo tipo de películas. Como menciono líneas atras, recientemente, la Organización Mundial de la Salud (OMS) nos ha dado un motivo más de preocupación en este tema.

Según este organismo, los celulares son posibles agentes cancerígenos. Este es, de momento, el último capítulo de los esfuerzos por dilucidar si los teléfonos móviles son peligrosos o no. Se supone que, puesto que emiten y reciben radiaciones de microondas, pueden producir efectos nocivos sobre los seres vivos. Así pues, ¿son peligrosas las radiaciones de los móviles?

La respuesta es difícil. Hay, básicamente, dos modos de obtener resultados: mediante estudios epidemiológicos, o usando física básica. Este primer modo es el que la OMS ha examinado para prevenir de posibles efectos adversos por parte de los móviles. En el presente post examinaremos el segundo.

¿Por qué puede ser peligroso un móvil?


Según sus efectos, las radiaciones se dividen en ionizantes y no ionizantes. En el primer caso, la onda o partícula radiante es capaz de ionizar un átomo, es decir, de arrancarle un electrón. Eso convierte al átomo en un ión cargado, que puede reaccionar con otras partículas cargadas, no siempre con resultado feliz. Las radiaciones ionizantes incluyen partículas como los neutrones, las partículas alfa y beta, y también cierto tipo de ondas electromagnéticas de alta energía: rayos X, gamma, y hasta cierto punto, ultravioleta (así que cuidado al tomar el sol este verano ;D).
Las radiaciones de los celulares, en frecuencia de microondas, son del tipo no ionizante. Eso aleja la posibilidad de convertirnos en mutantes por el mero hecho de contestar al teléfono. Pero aun así, las radiaciones no ionizantes pueden tener efectos adversos sobre el tejido vivo. El mecanismo principal es el llamado efecto térmico: las radiaciones de radiofrecuencia hacen oscilar a las moléculas de agua, y ese movimiento se convierte luego en calor.

Evidentemente, a nadie le gustaría tener junto a la oreja, a pocos centímetros de nuestro cerebro, un horno microondas (analogía que, por otro lado, no deben tomarse ustedes al pie de la letra).

El problema aumenta cuando tenemos en cuenta nuestro tamaño medio. Por regla general, la absorción de una onda electromagnética es máxima cuando su longitud de onda es similar al tamaño del objeto con el que interacciona. En el caso de la telefonía móvil, el sistema GSM usado en México usa frecuencias de 900 (Telcel por ejemplo) e incluso 1800 MHz. Eso corresponde a longitudes de onda de 17 y 33 centímetros, respectivamente. Esas dimensiones son peligrosamente cercanas a las de una cabeza humana. ¿Y dónde nos ponemos el móvil cuando lo usamos? ¡En la cabeza! ¡Ya puedes empezar a preocuparte/asustarse! :P

Si yo fuese un embaucador y no me interesara que ustedes estén informados, me pararía aquí. Pero como tuve la desgracia de que mis padres me criaran como un chico honrado, les contaré el resto ;). Aunque ese “efecto antena” hace aumentar el nivel de energía absorbida por tu cabeza, ese aumento no es significativo, quizá del orden del 50% o más. Eso suena mucho, pero no lo es. Hay limitaciones a la potencia máxima emitida y absorbida por el móvil, de forma que incluso para esas frecuencias la absorción de energía por el cuerpo humano sea muy pequeña. También ayuda a nuestra tranquilidad el que las ondas electromagnéticas de baja frecuencia tienen menor energía que las de alta frecuencia. Un fotón de microondas es menos energético que uno de luz ultravioleta.

No, el problema no reside ahí. Lo que inquieta a mucha gente es la posibilidad de que existan efectos biológicos de otro tipo, fundamentalmente, los que puedan producir cáncer. Concretamente, lo que hizo notar recientemente la OMS (más concretamente, la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer, IARC, dependiente de la OMS) es que un estudio epidemiológico llevado a cabo hasta el año 2004 mostraba un aumento de hasta el 40% en la probabilidad de contraer un tipo de cáncer conocido como glioma. Esto les llevó a clasificar los móviles en la categoría 2B (“potencialmente cancerígenos”) … en la cual también hay sustancias como el café o los polvos de talco.

Pero antes de que tires tu celular aterrado (por no hablar de dejar el consumo de café :P), te conviene saber que ese incremento de riesgo se notó solamente en el segmento de personas que usaban el celular con más frecuencia.

Entre personas con uso moderado, no se notó incremento en el riesgo de contraer glioma. De hecho, la correlación parece ser tan tenue que el IARC solamente afirma que pudiera existir algún tipo de riesgo. No se sabe si dicho riesgo existe de veras, o si hay otros factores en juego (fluctuaciones estadísticas, sesgos, errores en la obtención de datos, factores de riesgo adicionales). Por ejemplo, ahora hay más antena de telefonía que hace unos años, y la mayor cobertura permite a los móviles operar con niveles de potencia más bajos.

En general, hay bastante escepticismo en la comunidad científica sobre la nocividad de los teléfonos móviles. Eso se debe a que, aunque los estudios epidemiológicos puedan inclinarse a favor o en contra, desde un punto de vista físico los efectos no térmicos no deberían existir. Cualquier efecto cancerígeno implicaría una interacción entre objetos muy pequeños, como células, y radiaciones no ionizantes con longitudes de onda mucho mayores. ¿Qué mecanismo podría explicar dicha interacción entre sistemas de tamaño tan dispar? Nadie lo sabe. Si alguien lo averigua, puede ir reservando sitio en un cajón para su medalla Nobel de Medicina. Pero de momento, el mayor peligro de los celulares proviene de su mal uso en la carretera: distracciones, multas y accidentes.

Si, a pesar de todo, sientes la compulsión de librarte de tu celular, te haré una recomendación muy seria: regálamelo. :D

sábado, 28 de mayo de 2011

Calendario del apocalipsis...

Hace varios días que Harold Camping anunciaba que el inicio del juicio final llegaría el 21 de mayo del 2011, el plazo se cumplió y no ha pasado nada. Pero el no ha sido el unico que ha anunciado el fin del mundo... ya que a lo largo de la historia han sido muchas personas las que han vaticinado este hecho, motivo por el cual les dejo esta información obtenida del calendario apocalíptico que anda circulando por la web...

Según diferentes predicciones, cada año puede ocurrir el fin del mundo. ¿Cuántos Apocalipsis ya hemos sobrevivido y cuántos están por venir?

21.05.2011
Predicador Harold Camping, EEUU
Con base a un estudio comprensivo de la Biblia y cálculos matemáticos, predijo que (según los cálculos) el 21 de mayo pasarán justamente 722 500 días desde la crucifixión de Jesucristo. Este número es resultado de la multiplicación doble de las tres cifras santas, 5, 10 y 17.


22.09.2012
Grupo de Científicos de la NASA y la Academia de Ciencias de EEUU
Con base en cálculos, el pulso electromagnético provocado por una fuerte erupción solar dejará inoperativos por largo tiempo prácticamente todos los equipos electrónicos e instalaciones energéticas causando millones de muertes.


21.12.2012
Los mayas
Su profecía indica que acabado el quinto ciclo solar, Tierra, Júpiter, Marte y Saturno formarán una conjunción, con el Sol en el centro. Intensos flujos de energía atravesarán la atmósfera terrestre lo que resultará en el fin del mundo, acorde a las interpretaciones.


21.12.2012
Los antiguos sumerios
Su profecía indica que el planeta Nibiru, al pasar junto a la Tierra, provocará inversión de polos magnéticos y alteración de la órbita terrestre. La gravedad desplazará gigantescos volúmenes de agua aniquilando a todo ser vivo. En 1982 la NASA reconoció la posibilidad de que el planeta Nibiru pueda existir. En un futuro post expondré lo que sucedería a mayor detalle si los se diera una inversión de los polos.


2013
El astrofísico Piers Van der Meer, de Holanda, tiene la teoría de que ocurrirá una Explosión Solar.


2014
El astrofísico Habibullo Abdusamatov, de Rusia, afirma en su teoría que comenzará una nueva edad de hielo.


2014
El clarividente Vanga, de Bulgaria, señala en su Profecía que la gente padecerá abscesos, cáncer de piel y otros males a consecuencia de la guerra química que comenzará en 2011. Causará millones de muertos.


2016
El Climatólogo James Hansen, de EEUU, según cálculos este año debido al derretimiento de los glaciares, la mayor parte de la Tierra quedará inundada.


2018
Nostradamus, Francia. Su profecía afirma una Guerra Nuclear.

miércoles, 25 de mayo de 2011

Fenómenos paranormales y tu cerebro...

Experiencias extracorporales (o no??).... ¿Por qué el cerebro nos engaña?


En el año 1955, mientras realizaba una operación de epilepsia, el neurocirujano canadiense Wilder Penfield estimuló una zona del cerebro de su paciente que le provocó un sobresalto. “Estoy abandonando mi cuerpo”, aseguró el sujeto mientras el médico estimulaba eléctricamente su giro angular. Aquella fue la primera demostración de que muchas de las impresiones supuestamente paranormales que experimentan algunas personas tienen una base neurológica que puede explicar el fenómeno. Décadas de experimentos y estimulación cerebral han llevado a los neurocientíficos a identificar las zonas del cerebro y los procesos que entran en acción durante una de estas experiencias. Abducciones, encuentros demoníacos, auras y demás experiencias místicas pueden tener una explicación científica algo más prosaica pero no menos fascinante. Éstas son algunas de las respuestas que da la neurociencia.


Se dice que las experiencias sobrenaturales son fruto de las alucinaciones visuales y auditivas que sufre nuestro cerebro.

“Estoy en el techo”
“Si nos estimulan la corteza parietal derecha con un electrodo (mientras estamos despiertos y conscientes)”, escribe el prestigioso neurocientífico V. S. Ramachandran, “por un instante parecerá que flotamos cerca del techo y veremos nuestro cuerpo abajo”. La experiencia de abandonar el propio cuerpo no sólo está asociada con las vivencias cercanas a la muerte, el consumo de algunas drogas como la ketamina o situaciones extremas como las que viven los pilotos de caza, también ha sido recreada en el laboratorio. La clave está en estimular una zona concreta del hemisferio derecho del cerebro conocida como giro angular.

Siguiendo los pasos del pionero Wilder Penfield, el neurólogo suizo Olaf Blanke, del Hospital Universitario de Ginebra, ha comprobado los efectos de la estimulación de esta zona en alguno de sus pacientes. En diciembre del año 2000, una mujer de 43 años llamada Heidi entró en el quirófano del doctor Blanke para tratar de encontrar una solución a su epilepsia. Como en otros muchos casos, los médicos colocaron decenas de electrodos en su cerebro y los fueron activando alternativamente hasta llegar al giro angular. La mujer se detuvo entonces y les dijo a los doctores que se encontraba en el techo del quirófano y que veía su propio cuerpo desde allí arriba. “Estoy en el techo”, exclamó, “estoy mirando hacia abajo, a mis piernas. Les veo a los tres”.

En el año 2007, The New England Journal of Medicine publicó una experiencia parecida a cargo de médicos británicos y holandeses. Una mujer de 63 años aquejada de tinnitus (un ruido persistente en el oído) reportó que estaba saliendo de su cuerpo cuando los electrodos estimularon su giro angular, y que se encontraba a sí misma desplazada 50 centímetros por detrás de su cuerpo y un poco a la izquierda. Las experiencias duraban alrededor de 17 segundos y se descartó cualquier efecto placebo.

¿Qué sucede durante estos breves períodos de tiempo en que uno se siente fuera de su cuerpo? Los científicos aseguran que estas áreas del cerebro están directamente relacionadas con la percepción que tenemos de nosotros mismos, la orientación y el equilibrio vestibular. Una estimulación del giro angular derecho puede alterar esta percepción y provocar esta especie de ilusión de encontrarse fuera de uno mismo. ¿Y las personas que lo experimentan sin estimulación “artificial” de la zona? “Una explicación del fenómeno”, escribe Sandra Blakeslee en su libro “El mandala del cuerpo” (La liebre de marzo, 2009), “es la alteración en el flujo sanguíneo. Grandes arterias convergen cerca del giro angular dentro de nuestro cerebro. Si algo comprime esta área, nuestras sensaciones corporales pueden llegar a desorientarse. Podemos llegar a sentir que nuestro cuerpo está flotando sobre la mesa de operaciones o la escena de un accidente de tráfico”.

Una luz al final del túnel


James Whinnery es cirujano de la Marina estadounidense y lleva desde los años 70 realizando pruebas con pilotos de cazas. Para ello utiliza una centrifugadora con un brazo de 15 metros y una pequeña cabina que gira a toda velocidad y simula las fuerzas G que tienen que soportar los pilotos durante el vuelo. Durante los últimos veinte años, Whinnery ha sometido a la prueba a más de 500 pilotos para estudiar el fenómeno conocido como “black out”, el momento en que el cerebro de los pilotos empieza a quedarse sin oxígeno, se produce la visión de túnel y terminan perdiendo el conocimiento. De los 500 pilotos, al menos 40 vivieron la experiencia de salir de su propio cuerpo y algunos relatan experiencias parecidas a las cercanas a la muerte.

Durante las pruebas, los pilotos han llegado a alcanzar hasta 12G durante unos instantes, cerca del límite que les provocaría la muerte. Cada desmayo dura un promedio de entre 12 y 24 segundos y los pilotos relatan experiencias parecidas a las que otros compañeros han vivido alguna vez en vuelo: verse fuera del avión, sentado en un ala, o colocados junto encima de la cabina mientras se ven a sí mismos desde arriba. Entre el 10 y el 15% relatan experiencias similares a las cercanas a la muerte, con la característica luz al final de un túnel.

Esta experiencia tan común entre las personas que han sobrevivido a un accidente grave aún no tiene una explicación oficial, pero son muchos los indicios que apuntan a que la respuesta está en el cerebro. Algunos investigadores, como el doctor Richard Strassman, de la Universidad de Nuevo México, aseguran que la glándula pineal segrega un alucinógeno natural llamado Dimetiltriptamina (DMT) que produciría la experiencia del túnel y las visiones. Otros, como el doctor Birk Engmann, de la Universidad de Leipzig, aseguran que la ausencia de riego sanguíneo (anoxia) está detrás del carrusel de visiones que se desatan en el momento que precede a la muerte. La sensación placentera o de euforia, también descrita por los pilotos antes de los desmayos, se atribuye a la segregación de sustancias como la dopamina o la serotonina, aunque aún no está claro cuál es la respuesta exacta que está detrás de todos estas experiencias.

La doctora Willoughby B. Britton, de la Universidad de Arizona, ha hecho un estudio que plantea una tesis aún más atrevida. Para su experimento tomó a 23 sujetos que habían tenido una experiencia cercana a la muerte y un grupo de control sin experiencia ni ningún tipo de estrés post-traumático. Tras escanear sus cerebros mientras dormían, descubrió que los patrones de sueño de unos y otros eran muy diferentes y encontró que una parte significativa (hasta un 20%) de los que habían visto la luz al final del túnel mostraban el mismo patrón en el lóbulo temporal que los enfermos de epilepsia y mayor actividad en la zona asociada con las vivencias místicas y religiosas. En su opinión, estas diferencias son significativas e indican que la diferencia de actividad en el lóbulo temporal tiene que ver con las alucinaciones generadas durante las experiencias cercanas a la muerte.

¿Auras? ¿Energía? No, sinestesia


Si hacemos caso a los parapsicólogos, parece que los seres humanos caminamos por la vida irradiando un halo de “energía vital” a nuestro alrededor que ellos conocen como “aura”. Aparte de que la existencia del alma o de los “chakras” no se sostiene empíricamente, la ciencia empieza a encontrar otras posibles explicaciones a la percepción del fenómeno en algunas personas, relacionadas con una propiedad del cerebro conocida como sinestesia. El grupo de investigación de Neurociencia Cognitiva de la Universidad de Granada lo define como “una facultad poco común que tienen algunas personas, que consiste en experimentar sensaciones de una modalidad sensorial particular a partir de estímulos de otra modalidad distinta”. Es decir, personas que ven una letra o una nota musical y la asocian automáticamente a un color, entre otras sensaciones.

Un estudio publicado en 2004 por el doctor Jamie Ward, de la Universidad de Londres, documentaba el caso de una paciente capaz de identificar auras de colores sobre las personas debido a un caso de sinestesia emoción-color. A pesar de que ella no creía tener ningún tipo de poder sobrenatural, identificaba las personas a las que conocía con un color determinado y esta respuesta emocional le hacía ver un “aura” alrededor de ellos cuando los tenía frente a sí.

Algunos neurocientíficos se plantean si este modo de sinestesia no puede estar detrás del fenómeno conocido durante siglos como aura. De este modo, lejos de tener que ver con vagas energías y espíritus indetectables, el aura tendría su origen en una peculiaridad del lóbulo parietal de algunas personas.

En cualquier caso, cada vez que se ha sometido públicamente a prueba la supuesta capacidad de uno de los autoproclamados “detectores de auras” los resultados han dado la razón a los escépticos. James Randi llevó a uno de estos individuos a su programa y no fue capaz de asociar correctamente las personas que se escondían detrás de un biombo con sus respectivos halos energéticos. En otros casos, los supuestos videntes no han sido capaces de saber siquiera que lo que se escondía detrás del biombo no era una persona sino un maniquí.

Íncubos, abducciones y falsos recuerdos


Algunas de las experiencias esotéricas más conocidas tienen como protagonistas a los llamados “visitantes de dormitorio”. Criaturas demoníacas que poseen nuestro cuerpo, alienígenas que nos secuestran en mitad de la noche y nos someten a todo tipo de pruebas o vejaciones. Afortunadamente, si usted ha tenido una de estas experiencia parece casi descartado que sufra un trastorno mental grave. Lo que indica la ciencia es que casi con total certeza ha sido víctima de un episodio de “parálisis del sueño” y de una alucinación hipnogógica.

Mientras dormimos, nuestro cuerpo queda parcialmente paralizado, entre otras cosas, para evitar sobresaltos innecesarios y que nos pongamos a dar pedales si soñamos que estamos subiendo una pendiente. En ocasiones, en este estado “hipnogógico”, la persona recobra momentáneamente la conciencia y sigue paralizado durante un buen rato. En este estado entre la vigilia y el sueño se producen alucinaciones bien documentadas en los laboratorios del sueño. La persona no se puede mover y siente que la trasladan o que seres imaginarios la secuestran y manipulan. Aunque la víctima asegura estar despierta y recordar todo lo que sucedía a su alrededor, los experimentos demuestran que buena parte de los sujetos ni siquiera abre los ojos.

Estas alucinaciones han sido interpretadas de diferente manera en función de la época y la cultura. Durante siglos, en Europa, las víctimas de este fenómeno hablaban de visitas de íncubos y súcubos, o de brujas que les llevaban a volar en plena noche. En China se interpreta como la visita de un fantasma inoportuno, en Nigeria es un “demonio en tu espalda” y en Turquía es una criatura que se sienta en el pecho y roba la respiración. En la sociedad occidental, al cambiar los parámetros culturales, se cree que muchos de los testimonios de supuestas abducciones alienígenas no son más que una reinterpretación de este mito causado por la parálisis del sueño y por el fenómeno de los “falsos recuerdos”.

Jesucristo en una tostada


La evolución de nuestro cerebro le ha llevado a desarrollar algunas características muy peculiares pero esenciales para nuestra supervivencia. Por un lado tiende a recopilar los fragmentos de información y a completar los huecos, y por otro es especialmente bueno en el reconocimiento de caras. Éstas y otras características explican un fenómeno conocido como “pareidolia”, el que lleva a algunas personas a distinguir la cara de un santo en las humedades del techo o los ojos y la boca del hombre en la Luna. Es decir, vemos caras o patrones reconocibles donde sólo hay estímulos al azar.

Nuestra capacidad para juntar información e interpretarla puede habernos proporcionado una ventaja evolutiva. Para explicarlo, se pone el ejemplo del hombre primitivo que ve varias manchas amarillas tras un matorral y cuyo cerebro decide interpretar que detrás hay un tigre: es probable que el que no reuniera la información a tiempo no consiguiera que sus genes llegaran muy lejos. Por otro lado, la capacidad para reconocer caras frente a cualquier otra disposición geométrica en el espacio, se ha comprobado sistemáticamente en los bebés y tiene un componente innato.

De acuerdo con la neurociencia, el fenómeno psicológico de la pareidolia está detrás de experiencias paranormales tan variadas como las apariciones marianas, la visión de ovnis o las experiencias con fantasmas. Como sucedía con las visiones de dormitorio, tendemos a interpretar estos sucesos en función de unos patrones culturales que ya tenemos y que el cerebro utiliza a modo de filtro. Este tipo de ilusiones no son solo visuales, sino también auditivas. El experimento del psicólogo Christopher French, que en España emula con éxito el periodista Luis Alfonso Gámez, consiste en reproducir un fragmento al revés de una canción de Led Zepelin ante un auditorio. Cuando el experimentador da unas pautas para interpretarlo en términos satánicos, nuestro cerebro ya no puede dejar de oírlo.

Todos estos fenómenos, y muchos otros, empiezan a ser aclarados a la luz de la neurociencia y otras ramas experimentales. Aún queda un largo camino por recorrer, pero el conocimiento de nuestro cerebro permitirá algún día conocer perfectamente los mecanismos que nos llevan a extremos como la visión de alienígenas, fantasmas y a generar todo tipo de supersticiones. Hasta entonces, no podemos más que agarrarnos a lo que dicen los experimentos y los hechos que se pueden probar en un laboratorio. Si existe algo real fuera de nuestras propias imaginaciones, sin duda se investigará. Hasta entonces habrá que descartar todo aquello que se mueve en esa difusa frontera que separa nuestras creencias de las alucinaciones.

Interesante verdad....