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sábado, 10 de diciembre de 2011

Finales...


Estamos en plenos finales y la mayoría de las carreras (Medicina en mi caso y el de muchos de ustedes) en casi todas las universidades tiene la misma peculiaridad: en finales los profesores creen que su clase es la única materia que tuviste durante el curso. Los temas y/o trabajos son tan extensos que no te queda de otra más que estudiar toda la noche, toda la mañana y luego dedicarle un poco más.

Para todos los que saben de que hablo tengo esta breve revisión de algunas posibilidades:

Coca cola con aspirina
Calificación: ¿Todavía crees en el niño Dios y los reyes magos?
Riesgos: Que tus compañeros se rían de tu ingenuidad.

No sé de donde se saco que un analgésico (aspirina) mezclado con una bomba de azúcar (coca cola) te podría salvar de las garras de morfeo durante tiempos prolongados. El azúcar te da un empujón muy limitado, luego viene algo a lo que los anglosajones llaman "sugar crash" en la que básicamente el cuerpo produce demasiada insulina a fin de balancear el nivel de glucosa en la sangre, produciendo hipoglicemia, que no es más que un factor de la fatiga crónica.



Café, mucho café.
Calificación: Conservador
Riesgos: Esos viajes al baño sí quitan tiempo

El café sigue siendo una buena opción para esas desveladas: es rico, relativamente barato y no está mal visto por nadie. Ahora, no todos los cafés son iguales. Los asiduos a esta bebida bien saben que la maquina de expressos hace milagros. Una taza de café instantáneo contiene aproximadamente 90 mg de cafeína, un café de grano 120 mg y un café exprés entre 200 y 300 mg. En lo personal el expreso doble me parece la mejor opción, pero hay gente más (como yo) y menos sensible a la cafeína.


Latas y latas de Red Bull
Calificación: Vanguardista
Riesgos: para los bolsillos

Estas latas amigas de los borrachos dan un boost energético a altas horas de la madrugada. Eso de las vitaminas y la taurina es puro cuento, la principal razón por la que estas latas resucitan muertos es por la cafeína y el azúcar que viene concentrado como jarabe. El problema del Red Bull y de las otras miles de bebidas energéticas que le siguieron es el precio. Para no sufrir el "sugar crash" mencionado anteriormente habría que estar tomando esta porquería continuamente, estamos hablando de unas ocho latas en un lapso de 12 horas, lo cual sale entre $240 y $300 pesos mexicanos, con esa cantidad de dinero es mejor pasar a las siguientes opciones.


Pastillas de cafeína
Calificación: Hardcore
Riesgos: ¿Quieres saber qué se siente tener Mal de Parkinson?

Estas las consigues en cualquier tienda GNC (General Nutrition Center), te costarán entre $200 y $300 pesos mexicanos. Producen básicamente el mismo efecto que el café, el malestar estomacal es un poco menor y la cafeína es extraída del guaraná. Se dice que la cafeína del guaraná es diferente porque no se suelta de golpe sino que se absorbe paulatinamente por el cuerpo. El efecto de una taza de café te puede durar media hora mientras que el efecto de una pastilla de cafeína de guaraná te durará una hora.

Ahora, aquí todo depende de la cantidad de pastillas ingeridas. Hay que ser cuidadosos con la dosis porque la cafeína es tóxica en grandes cantidades. Una cantidad con peligro de muerte sería 100 de estas pastillas en una persona de 70 Kg, lo cual es muy difícil de lograr.

Aquí una pequeña descripción de los efectos:
2 a 5 pastillas: Animado, alegre.
6 a 10: pequeños problemas de concentración, movimientos musculares involuntarios.
11 a 15: Sudoración en frío, problemas de coordinación, temblorina general. Incapacidad de llevar una conversación coherente.
16 a 20: Te tiemblan las pupilas de los ojos cuando te los ves en el espejo.


Modafinilo (Modiodal en México)
Calificación: XXX
Riesgos: Los chimpancés utilizados en experimentación se lo auto-administraban. Saquen conclusiones.

La sustancia activa de este medicamento se llama Modafinilo, y en México la consigues como Modiodal. Y claro, como todo en México la consigues en la farmacia del ahorro pidiéndola al dependiente. Cuesta entre $270-$300 pesos mexicanos y trae 7 pastillas.

Para los que les quede duda: "En pruebas sobre gente sana como los pilotos del ejército [Fuerza aérea norteamericana], modafinilo ha permitido mantener personas despiertas durante casi dos días mientras que han permanecido enfocados, alertas y tan capaces de lidiar con problemas como los bien descansados. Luego, después de ocho horas de buen descanso, pueden levantarse y hacerlo por otras cuarenta horas, hasta que finalmente tienen que ponerse al corriente con el sueño" (Washington Post)

Es una cosa realmente impresionante, te tomas una de estas tres o cuatro horas antes de que te vaya a dar muchísimo sueño y siente como si hubieras vencido a morfeo en su propio juego. El modafinilo fue descubierto como tratamiento para las personas con narcolepsia -gente que se queda dormida repentinamente en circunstancias cotidianas- y recientemente fue aprobado por la FDA como tratamiento para las personas que trabajan en turnos variantes.

Su ventaja es que no te pone como el café, nervioso y/o afectado en tu capacidad de concentración. Simplemente sientes como si hubieras dormido. Sin embargo, tu cuerpo sí siente la desvelada: tienes los ojos rojos y te duelen partes del cuerpo simplemente porque a tu cuerpo sí le falta descansar. El modafinilo no te quita la capacidad para dormir, se recomienda que lo mejor es tomarte una siesta de dos horas justo después de tomarte la pastilla y despertarás bastante fresco.



Nota aclaratoria
No hay mejor remedio para el sueño que descansar bien. Empiecen sus trabajos finales y/o estudio con anticipación, si lo dejan todo para el final acabarán como muchos, experimentando con cuanto se les atraviese. No tomen esto como una incitación a desvelarse, sino como un remedio o sugerencia cuando no les quede de otra.

domingo, 23 de octubre de 2011

La canción más relajante...

Y la ganadora es la canción Weightless de Marconi Union. Puedes escucharla a continuación.



Pero cuidado, aseguran que es tan relajante que no debería escucharse mientras se conduce o en otros momentos en los que se precise atención.

La canción más relajante del mundo ha sido localizada por David Lewis, un reconocido neuropsiquiatra especializado en realizar lecturas de las ondas cerebrales de las personas mediante técnicas no invasivas.

Para realizar el experimento, se cogió a un grupo de 40 mujeres, se les estresó obligándolas a resolver rompecabezas a contra reloj, y finalmente les hicieron escuchar una de las canciones. Lewis registró las variaciones de sus ondas cerebrales, y después de un tiempo comenzaron otra vez, pero utilizando otra de las canciones. El ritmo cardíaco, la presión sanguínea, la frecuencia de la respiración y la actividad cerebral registrada en las voluntarias indicaron que la canción de Marconi Union era la más relajante.

Las siguientes en la lista fueron:
1- Marconi Union – Weightless
2- Airstream – Electra
3- DJ Shah – Mellomaniac (Chill Out Mix)
4- Enya – Watermark
5- Coldplay – Strawberry Swing
6- Barcelona – Please Don’t Go
7- All Saints – Pure Shores
8- Adele – Someone Like You
9- Mozart – Canzonetta Sull’aria
10- Cafe Del Mar – We Can Fly

Lewis indicó que escuchar esta canción reduce en un 65% los niveles de ansiedad general. Incluso afirma que es más efectiva que un masaje.


En fin, no es un estudio muy riguroso y detrás hay financiación de una empresa de productos de baño, pero no deja de ser curioso.

Otros experimentos con la música sugieren las siguientes conexiones: Las cuatro estaciones de Vivaldi es idóneo para despertar conexiones en el hemisferio cerebral izquierdo; los valses de Strauss y las polonesas de Chopin estimulan el pensamiento creativo; El pájaro de fuego de Stravinski o las óperas de Wagner estimulan la inteligencia espaciotemporal; Queen y su We are the champions produce un exceso de euforia; Like a virgin de Madonna produce empatía y socialización; la percusión y el tempo de Sympathy for the devil de Rolling Stones invita a mantener la coordinación, a solidificar el empeño y la seguridad en uno mismo e, incluso, a fomentar las habilidades resolutivas.

miércoles, 25 de mayo de 2011

Fenómenos paranormales y tu cerebro...

Experiencias extracorporales (o no??).... ¿Por qué el cerebro nos engaña?


En el año 1955, mientras realizaba una operación de epilepsia, el neurocirujano canadiense Wilder Penfield estimuló una zona del cerebro de su paciente que le provocó un sobresalto. “Estoy abandonando mi cuerpo”, aseguró el sujeto mientras el médico estimulaba eléctricamente su giro angular. Aquella fue la primera demostración de que muchas de las impresiones supuestamente paranormales que experimentan algunas personas tienen una base neurológica que puede explicar el fenómeno. Décadas de experimentos y estimulación cerebral han llevado a los neurocientíficos a identificar las zonas del cerebro y los procesos que entran en acción durante una de estas experiencias. Abducciones, encuentros demoníacos, auras y demás experiencias místicas pueden tener una explicación científica algo más prosaica pero no menos fascinante. Éstas son algunas de las respuestas que da la neurociencia.


Se dice que las experiencias sobrenaturales son fruto de las alucinaciones visuales y auditivas que sufre nuestro cerebro.

“Estoy en el techo”
“Si nos estimulan la corteza parietal derecha con un electrodo (mientras estamos despiertos y conscientes)”, escribe el prestigioso neurocientífico V. S. Ramachandran, “por un instante parecerá que flotamos cerca del techo y veremos nuestro cuerpo abajo”. La experiencia de abandonar el propio cuerpo no sólo está asociada con las vivencias cercanas a la muerte, el consumo de algunas drogas como la ketamina o situaciones extremas como las que viven los pilotos de caza, también ha sido recreada en el laboratorio. La clave está en estimular una zona concreta del hemisferio derecho del cerebro conocida como giro angular.

Siguiendo los pasos del pionero Wilder Penfield, el neurólogo suizo Olaf Blanke, del Hospital Universitario de Ginebra, ha comprobado los efectos de la estimulación de esta zona en alguno de sus pacientes. En diciembre del año 2000, una mujer de 43 años llamada Heidi entró en el quirófano del doctor Blanke para tratar de encontrar una solución a su epilepsia. Como en otros muchos casos, los médicos colocaron decenas de electrodos en su cerebro y los fueron activando alternativamente hasta llegar al giro angular. La mujer se detuvo entonces y les dijo a los doctores que se encontraba en el techo del quirófano y que veía su propio cuerpo desde allí arriba. “Estoy en el techo”, exclamó, “estoy mirando hacia abajo, a mis piernas. Les veo a los tres”.

En el año 2007, The New England Journal of Medicine publicó una experiencia parecida a cargo de médicos británicos y holandeses. Una mujer de 63 años aquejada de tinnitus (un ruido persistente en el oído) reportó que estaba saliendo de su cuerpo cuando los electrodos estimularon su giro angular, y que se encontraba a sí misma desplazada 50 centímetros por detrás de su cuerpo y un poco a la izquierda. Las experiencias duraban alrededor de 17 segundos y se descartó cualquier efecto placebo.

¿Qué sucede durante estos breves períodos de tiempo en que uno se siente fuera de su cuerpo? Los científicos aseguran que estas áreas del cerebro están directamente relacionadas con la percepción que tenemos de nosotros mismos, la orientación y el equilibrio vestibular. Una estimulación del giro angular derecho puede alterar esta percepción y provocar esta especie de ilusión de encontrarse fuera de uno mismo. ¿Y las personas que lo experimentan sin estimulación “artificial” de la zona? “Una explicación del fenómeno”, escribe Sandra Blakeslee en su libro “El mandala del cuerpo” (La liebre de marzo, 2009), “es la alteración en el flujo sanguíneo. Grandes arterias convergen cerca del giro angular dentro de nuestro cerebro. Si algo comprime esta área, nuestras sensaciones corporales pueden llegar a desorientarse. Podemos llegar a sentir que nuestro cuerpo está flotando sobre la mesa de operaciones o la escena de un accidente de tráfico”.

Una luz al final del túnel


James Whinnery es cirujano de la Marina estadounidense y lleva desde los años 70 realizando pruebas con pilotos de cazas. Para ello utiliza una centrifugadora con un brazo de 15 metros y una pequeña cabina que gira a toda velocidad y simula las fuerzas G que tienen que soportar los pilotos durante el vuelo. Durante los últimos veinte años, Whinnery ha sometido a la prueba a más de 500 pilotos para estudiar el fenómeno conocido como “black out”, el momento en que el cerebro de los pilotos empieza a quedarse sin oxígeno, se produce la visión de túnel y terminan perdiendo el conocimiento. De los 500 pilotos, al menos 40 vivieron la experiencia de salir de su propio cuerpo y algunos relatan experiencias parecidas a las cercanas a la muerte.

Durante las pruebas, los pilotos han llegado a alcanzar hasta 12G durante unos instantes, cerca del límite que les provocaría la muerte. Cada desmayo dura un promedio de entre 12 y 24 segundos y los pilotos relatan experiencias parecidas a las que otros compañeros han vivido alguna vez en vuelo: verse fuera del avión, sentado en un ala, o colocados junto encima de la cabina mientras se ven a sí mismos desde arriba. Entre el 10 y el 15% relatan experiencias similares a las cercanas a la muerte, con la característica luz al final de un túnel.

Esta experiencia tan común entre las personas que han sobrevivido a un accidente grave aún no tiene una explicación oficial, pero son muchos los indicios que apuntan a que la respuesta está en el cerebro. Algunos investigadores, como el doctor Richard Strassman, de la Universidad de Nuevo México, aseguran que la glándula pineal segrega un alucinógeno natural llamado Dimetiltriptamina (DMT) que produciría la experiencia del túnel y las visiones. Otros, como el doctor Birk Engmann, de la Universidad de Leipzig, aseguran que la ausencia de riego sanguíneo (anoxia) está detrás del carrusel de visiones que se desatan en el momento que precede a la muerte. La sensación placentera o de euforia, también descrita por los pilotos antes de los desmayos, se atribuye a la segregación de sustancias como la dopamina o la serotonina, aunque aún no está claro cuál es la respuesta exacta que está detrás de todos estas experiencias.

La doctora Willoughby B. Britton, de la Universidad de Arizona, ha hecho un estudio que plantea una tesis aún más atrevida. Para su experimento tomó a 23 sujetos que habían tenido una experiencia cercana a la muerte y un grupo de control sin experiencia ni ningún tipo de estrés post-traumático. Tras escanear sus cerebros mientras dormían, descubrió que los patrones de sueño de unos y otros eran muy diferentes y encontró que una parte significativa (hasta un 20%) de los que habían visto la luz al final del túnel mostraban el mismo patrón en el lóbulo temporal que los enfermos de epilepsia y mayor actividad en la zona asociada con las vivencias místicas y religiosas. En su opinión, estas diferencias son significativas e indican que la diferencia de actividad en el lóbulo temporal tiene que ver con las alucinaciones generadas durante las experiencias cercanas a la muerte.

¿Auras? ¿Energía? No, sinestesia


Si hacemos caso a los parapsicólogos, parece que los seres humanos caminamos por la vida irradiando un halo de “energía vital” a nuestro alrededor que ellos conocen como “aura”. Aparte de que la existencia del alma o de los “chakras” no se sostiene empíricamente, la ciencia empieza a encontrar otras posibles explicaciones a la percepción del fenómeno en algunas personas, relacionadas con una propiedad del cerebro conocida como sinestesia. El grupo de investigación de Neurociencia Cognitiva de la Universidad de Granada lo define como “una facultad poco común que tienen algunas personas, que consiste en experimentar sensaciones de una modalidad sensorial particular a partir de estímulos de otra modalidad distinta”. Es decir, personas que ven una letra o una nota musical y la asocian automáticamente a un color, entre otras sensaciones.

Un estudio publicado en 2004 por el doctor Jamie Ward, de la Universidad de Londres, documentaba el caso de una paciente capaz de identificar auras de colores sobre las personas debido a un caso de sinestesia emoción-color. A pesar de que ella no creía tener ningún tipo de poder sobrenatural, identificaba las personas a las que conocía con un color determinado y esta respuesta emocional le hacía ver un “aura” alrededor de ellos cuando los tenía frente a sí.

Algunos neurocientíficos se plantean si este modo de sinestesia no puede estar detrás del fenómeno conocido durante siglos como aura. De este modo, lejos de tener que ver con vagas energías y espíritus indetectables, el aura tendría su origen en una peculiaridad del lóbulo parietal de algunas personas.

En cualquier caso, cada vez que se ha sometido públicamente a prueba la supuesta capacidad de uno de los autoproclamados “detectores de auras” los resultados han dado la razón a los escépticos. James Randi llevó a uno de estos individuos a su programa y no fue capaz de asociar correctamente las personas que se escondían detrás de un biombo con sus respectivos halos energéticos. En otros casos, los supuestos videntes no han sido capaces de saber siquiera que lo que se escondía detrás del biombo no era una persona sino un maniquí.

Íncubos, abducciones y falsos recuerdos


Algunas de las experiencias esotéricas más conocidas tienen como protagonistas a los llamados “visitantes de dormitorio”. Criaturas demoníacas que poseen nuestro cuerpo, alienígenas que nos secuestran en mitad de la noche y nos someten a todo tipo de pruebas o vejaciones. Afortunadamente, si usted ha tenido una de estas experiencia parece casi descartado que sufra un trastorno mental grave. Lo que indica la ciencia es que casi con total certeza ha sido víctima de un episodio de “parálisis del sueño” y de una alucinación hipnogógica.

Mientras dormimos, nuestro cuerpo queda parcialmente paralizado, entre otras cosas, para evitar sobresaltos innecesarios y que nos pongamos a dar pedales si soñamos que estamos subiendo una pendiente. En ocasiones, en este estado “hipnogógico”, la persona recobra momentáneamente la conciencia y sigue paralizado durante un buen rato. En este estado entre la vigilia y el sueño se producen alucinaciones bien documentadas en los laboratorios del sueño. La persona no se puede mover y siente que la trasladan o que seres imaginarios la secuestran y manipulan. Aunque la víctima asegura estar despierta y recordar todo lo que sucedía a su alrededor, los experimentos demuestran que buena parte de los sujetos ni siquiera abre los ojos.

Estas alucinaciones han sido interpretadas de diferente manera en función de la época y la cultura. Durante siglos, en Europa, las víctimas de este fenómeno hablaban de visitas de íncubos y súcubos, o de brujas que les llevaban a volar en plena noche. En China se interpreta como la visita de un fantasma inoportuno, en Nigeria es un “demonio en tu espalda” y en Turquía es una criatura que se sienta en el pecho y roba la respiración. En la sociedad occidental, al cambiar los parámetros culturales, se cree que muchos de los testimonios de supuestas abducciones alienígenas no son más que una reinterpretación de este mito causado por la parálisis del sueño y por el fenómeno de los “falsos recuerdos”.

Jesucristo en una tostada


La evolución de nuestro cerebro le ha llevado a desarrollar algunas características muy peculiares pero esenciales para nuestra supervivencia. Por un lado tiende a recopilar los fragmentos de información y a completar los huecos, y por otro es especialmente bueno en el reconocimiento de caras. Éstas y otras características explican un fenómeno conocido como “pareidolia”, el que lleva a algunas personas a distinguir la cara de un santo en las humedades del techo o los ojos y la boca del hombre en la Luna. Es decir, vemos caras o patrones reconocibles donde sólo hay estímulos al azar.

Nuestra capacidad para juntar información e interpretarla puede habernos proporcionado una ventaja evolutiva. Para explicarlo, se pone el ejemplo del hombre primitivo que ve varias manchas amarillas tras un matorral y cuyo cerebro decide interpretar que detrás hay un tigre: es probable que el que no reuniera la información a tiempo no consiguiera que sus genes llegaran muy lejos. Por otro lado, la capacidad para reconocer caras frente a cualquier otra disposición geométrica en el espacio, se ha comprobado sistemáticamente en los bebés y tiene un componente innato.

De acuerdo con la neurociencia, el fenómeno psicológico de la pareidolia está detrás de experiencias paranormales tan variadas como las apariciones marianas, la visión de ovnis o las experiencias con fantasmas. Como sucedía con las visiones de dormitorio, tendemos a interpretar estos sucesos en función de unos patrones culturales que ya tenemos y que el cerebro utiliza a modo de filtro. Este tipo de ilusiones no son solo visuales, sino también auditivas. El experimento del psicólogo Christopher French, que en España emula con éxito el periodista Luis Alfonso Gámez, consiste en reproducir un fragmento al revés de una canción de Led Zepelin ante un auditorio. Cuando el experimentador da unas pautas para interpretarlo en términos satánicos, nuestro cerebro ya no puede dejar de oírlo.

Todos estos fenómenos, y muchos otros, empiezan a ser aclarados a la luz de la neurociencia y otras ramas experimentales. Aún queda un largo camino por recorrer, pero el conocimiento de nuestro cerebro permitirá algún día conocer perfectamente los mecanismos que nos llevan a extremos como la visión de alienígenas, fantasmas y a generar todo tipo de supersticiones. Hasta entonces, no podemos más que agarrarnos a lo que dicen los experimentos y los hechos que se pueden probar en un laboratorio. Si existe algo real fuera de nuestras propias imaginaciones, sin duda se investigará. Hasta entonces habrá que descartar todo aquello que se mueve en esa difusa frontera que separa nuestras creencias de las alucinaciones.

Interesante verdad....

miércoles, 27 de abril de 2011

Por qué bostezamos??...


La próxima vez que te encuentres en una reunión, realiza el siguiente experimento: da un gran bostezo (cubriendo tu boca por cortesía) y observa cuántas personas hacen lo mismo. Es muy probable que desates una cadena de bostezos, es más, quizás mientras termines de leer este texto, bosteces por lo menos una vez.

¿Qué hay detrás del misterioso arte de bostezar? Antes que nada, conviene saber qué es un bostezo. Éste corresponde a una acción involuntaria que provoca que abras la boca y respires profundamente; es involuntaria porque incluso lo haces antes de nacer (estudios muestran que un feto de 11 semanas ya bosteza).

Mientras que el diccionario menciona que el bostezo es causado por fatiga, por tener sueño o estar aburrido, los científicos han descubierto que existen causas más profundas acerca de esta acción corporal. Algunas de las teorías más populares para explicar este fenómeno son las siguientes:

La teoría fisiológica: nuestros cuerpos inducen al bostezo para adquirir más oxígeno o quitar una acumulación de dióxido de carbono. Esta teoría quizás explique porqué bostezamos en grupos. Los grupos grandes producen una mayor cantidad de dióxido de carbono, lo que significa que nuestros cuerpos reaccionan ante este exceso. Sin embargo, si bostezamos porque necesitamos oxígeno ¿no bostezaríamos constantemente mientras hacemos ejercicio? Robert Provine, psicólogo de la Universidad de Maryland, y experto en la teoría del bostezo, ha realizado experimentos para contradecir esta teoría: el darle a la gente oxígeno adicional, no disminuye el bostezo, y al quitar el exceso de dióxido de carbono, tampoco se deja de bostezar.

Teoría de la evolución: algunos piensan que bostezar es algo que empezó con nuestros ancestros, quienes utilizaban el bostezo para mostrar los dientes e intimidar al enemigo, de igual forma se cree que los bostezos grupales eran un instinto que aumentaba la probabilidad de sobrevivencia del grupo.

Teoría del aburrimiento: a pesar de que tendemos a bostezar si estamos cansados o aburridos, esta teoría no explica porqué los atletas olímpicos bostezan justo antes de competir— es muy poco probable que estén aburridos mientras el mundo entero los observa—.

En conclusión, ninguna teoría es completamente cierta, y si bien los humanos han bostezado desde que fueron creados, la respuesta sigue siendo un misterio. Lo que sí es verdad, es que el bostezo es una forma de comunicación y diversos animales como los perros, gatos e incluso peces bostezan, quizás esta reacción está ligada a una parte del cerebro que aún queda por ser descubierta.

Bostezaste??..

sábado, 26 de marzo de 2011

Mejorando el mundo en 22 días...

¿Recuerdas o al menos conoces la cinta “CADENA DE FAVORES”? En breve, la trama es sobre Eugene Simonet que es un profesor de Estudios Sociales que plantea a unos alumnos de primaria un trabajo original: Piensa una idea para cambiar el mundo y ponla en práctica. Uno de los alumnos, Trevor, desarrolla una idea interesante: ayudar a tres personas en algo que ellas no puedan hacer por sí mismas. Lo único que les pide a cambio es que, a su vez, estas personas ayuden a otras tres. Lo mejor es que veas el siguiente video de 2 minutos:



Interesante verdad, ahora se pone mejor: Estamos ante una progresión geométrica de razón 3. Se me ocurre una pregunta, ¿cuántos pasos habría que dar para llegar a la población mundial?.
Podemos redondear a 7000 millones de personas. Supongamos que cada día se da un paso, siendo el primer día el caso en el que el niño decide comenzar su experimento y aún no ha ayudado a nadie. Fíjate en el esquema hecho a mano, para darle un aire más de aula:


La progresión es 1, 3, 9, 27, etc. A cada término se le suma el anterior para saber a qué número de personas se va llegando.

Ateniendo a la expresión de la suma de los n primeros términos de una progresión geométrica, podemos ver en qué momento se alcanza la población mundial. Se trata del día 22, hacia las 4 de la madrugada, suponiendo que la cadena de ayuda se repartiese de manera constante en el tiempo durante un día. En la gráfica de abajo se puede ver cómo se trata de una progresión exponencial, como se explica en el vídeo.


La línea roja indica la situacion aproximada de la población mundial.


Ahora la idea no es que todo empiece solo en 1 persona y se extienda, sino que empiecen muchas "1 persona" en diferentes puntos geográficos. Esto provocaría una progresión más rápida.

¿utopía? ¿ posible?

¿sólo se trata de un juego matemático?

De nosotros depende

sábado, 19 de marzo de 2011

La frontera está en todas partes...

Personas preocupadas por el reciente recorte presupuestal a la NASA elaboraron este hermoso corto titulado “The frontier is everywhere“. De la voz de Carl Sagan y unas hermosas imágenes de nuestro planeta nos muestran los corto que es el camino recorrido.


viernes, 18 de marzo de 2011

En coche al espacio!!!...


Cuando conduzco de noche por la carretera, envuelto en la música que me gusta, sin apenas tráfico en la carretera, suelo imaginarme que piso el acelerador y que, sencillamente, persigo el horizonte sin otro objetivo que comprobar hasta dónde sería capaz de llegar. Quizá a otro continente. Quizá dar la vuelta al mundo. Pero, cuando de verdad estoy en plan aventurero, entonces imagino algo más ambicioso.

Imagino que unos ingenieros nanotecnológicos han construido una autopista estelar de miles de años luz de longitud (aunque de apariencia de asfalto de toda la vida), y que acelero a toda velocidad por ella rumbo a las estrellas. Con un combustible infinito, y pisando siempre a fondo, entonces surge la pregunta: ¿cuánto tardaría en llegar a otros planetas?


Si viajara a 100 km/h, tardaría nada menos que 160 días en llegar a la Luna. 5 meses. Si viajara a una velocidad de 120 km/h, entonces tardaría 3 200 horas cubrir los 384 000 kilómetros. Eso significa un total de 133 días de conducción sin parar, más de 4 meses.


Lo cierto es que el viaje se haría un poco largo. Imaginemos que piso a fondo y que alcanzo los 193 km/h. Llegar a Marte me representaría 134 años de viaje. Incluso a toda la velocidad que puede desarrollar mi coche, moriría de viejo antes de llegar al planeta más cercano a la Tierra (bien, teniendo en cuenta que allí fuera no hay gravedad ni rozamiento del aire sin duda desarrollaría velocidades mucho más altas, pero sigamos con mi fantasía…).

A los 193 km/h de mi coche alcanzaría Júpiter en 459 años.

Saturno está casi el doble de distancia: 842 años de conducción ininterrumpida.

Si no bajara del coche ni para ir al baño, llegaría finalmente a Neptuno en 2 497 años. Así que indudablemente resulta una empresa un poco infructuosa alcanzar las estrellas con un coche, por muy aventurero que se sienta uno.