jueves, 28 de julio de 2011

Nuestro mensaje al espacio...

El sonido de un beso, las primeras palabras de una madre a un bebé, el latido de un corazón. Estos sonidos humanos viajan a unos 56 000 km/hr hacia el espacio estelar y se encuentran ya en los límites del Sistema Solar, a más de 16 000 millones de kilómetros de la Tierra. Los sonidos están grabados en los dos discos de oro de las sondas Voyager, enviadas al espacio en 1977 junto con decenas de fotografías y símbolos que pretenden dar un mensaje sobre quiénes somos a posibles alienígenas.

Cubierta del Disco - Explicación a los gráficos

La cadena NPR ha hecho un pequeño montaje con algunos de los sonidos e imágenes que Carl Sagan y Anne Druyan seleccionaron para los discos de las Voyager. Los invito a escuchar y mirar esta pequeña selección:



Como curiosidad durante aquel proceso de selección para el disco de oro Sagan y Druyan se enamoraron y se casaron. Los latidos del corazón y las mediciones del encefalograma son los de ella.

Si les interesa conocer todos los contenidos del disco escríbanme a mi correo electrónico.

Viviendo con un extraño...


Vivir con alguien que sufre algún tipo de trastorno mental es difícil. Ver como nuestro familiar, antes sano, tiene ahora dificultades para recordar cosas sencillas, no gusta a nadie.

El alzheimer es posiblemente una de las enfermedades más conocidas, pero hay otros trastornos menos frecuentes, que pueden llegar a sorprender al familiar que se encuentre con los síntomas sin conocer su origen.

Y dentro de estos, hay un grupo que tiene como punto común unos síntomas curiosos: el paciente cree que en su casa están viviendo extraños, ya sea de una forma oculta, o suplantando a alguno de sus antiguos familiares. Veamos tres de ellos, que en un post anterior ya había comentado un poco de ellos.

El primero es el Síndrome o Mal de Capgras, donde el paciente cree que una persona allegada ha sido suplantada por un doble idéntico. Pensará que es el único que se ha percatado del problema (ya que nadie le dará la razón), y tratará de impostor al “extraño”.

Este mal es debido a un problema de conexión entre el reconocimiento visual y la memoria afectiva. Por ejemplo, si el enfermo cree que su tía es una doble, será porque la verá, la identificará como su tía, pero en cambio no tendrá los recuerdos que conllevan la parte emocional de una relación.

En el siguiente vídeo se puede ver de una forma clara de qué trata el problema. La primera parte es una situación ficticia, seguida de la explicación teórica.



Otro trastorno de síntomas parecidos es el Síndrome de Frégoli. En este caso, el paciente pensará que de alguna forma, un familiar o persona cercana es alguien distinto, aunque también allegado.

Es decir, que un enfermo con este síndrome podría suponer que su primo es en realidad un hermano que murió y ha ocupado su cuerpo.

Y por último tenemos el Síndrome del Huésped Fantasma. La persona que sufra este trastorno, pensará que su casa está ocupada por alguien que de alguna forma, consigue ocultarse para no dejarse ver.

Aún así, el enfermo tendrá la idea delirante de que detecta a su curioso ocupante, ya sea viendo su reflejo en un espejo, escuchando el televisor encendido...

Curiosas enfermedades que poco a poco, y gracias a los avances en neurociencia, van teniendo respuestas.

miércoles, 20 de julio de 2011

El cerebro de un Zombi...

Empezó como una especie de broma y ha terminado dando lugar a varios artículos, entrevistas, infografía e incluso investigaciones. En colaboración con la "Zombie Research Society" (Sociedad para la Investigación de los Zombis), el neurocientífico Bradley Voytek y su colega Timothy Verstynen han analizado el comportamiento de los zombis que aparecen en cómics y películas desde un punto de vista neurológico, y el resultado es entender sus desórdenes y así evitar un hipotético ataque (XD jaja).

"Este trastorno, al que hemos bautizado como "Trastorno Hipoactivo de Déficit de Conciencia", escribe Voytek, "se caracteriza por la pérdida del comportamiento racional, voluntario y consciente y su sustitución por agresiones compulsivas, atención conducida por estímulos y la incapacidad de coordinación motora y lingüística".
Traducido: los zombis tienen el cerebro hecho papilla y para demostrarlo, Voytek y su colega han reconstruido el hipotético escáner cerebral de un zombi en comparación con el humano. Las áreas el color naranja son las zonas destruidas en el cerebro de un "muerto viviente":

Este nivel de daños cerebrales, aseguran los científicos, conduce a un patrón de violencia y apatía social y los pacientes tendrían "pocas posibilidades de rehabilitación", bromean. De hecho, añade Voytek, la única recomendación posible sería la inmediata puesta en cuarentena del individuo afectado, aunque se atreven a dar algunas instrucciones básicas para defenderse de un ataque, en función de las características que los zombis presentan de forma habitual:

1. Daños en el cerebelo: ataxia

Este daño en el cerebelo explicaría su movimiento lento y descoordinado característico de los zombis, por lo que la primera opción es correr o subirse a un lugar elevado. En cualquier caso, advierten, hay que tener cuidado con una segunda clase de zombis, los zombis "rápidos", que no tienen este problema y son mucho más peligrosos.

2. Daños en el lóbulo temporal: mala memoria
Otra de las características de los zombis es que enseguida olvidan lo que estaban haciendo. El daño en el lóbulo temporal provoca un problema con la creación de recuerdos, de modo que permanecer un rato escondido es una buena estrategia, hasta que el zombi se distraiga con otra cosa.

3. Daños en la corteza parietal: no sienten dolor.
Si no puedes matar a un zombi arrancándole la cabeza es mejor que no luches con él, porque ellos no sienten dolor y tú sí. Esta característica se explicaría por los daños en la corteza parietal.

4. Síndrome de Bálint.
Parte de estos daños en la corteza parietal explicaría que los zombis sean víctimas del síndrome de Bálint, una enfermedad que se manifiesta en dificultad de mover los ojos y calcular distancias, de modo que no resulta difícil escapar de su mirada y distraerlos.

5. Síndrome de Capgras
"Curiosamente", apunta Voytek, "los zombis también parecen sufrir alguna forma del síndrome de Capgras", es decir, no reconocen a los familiares ni a las personas que apreciaron en vida. Por eso, si no puedes huir, imitar sus movimientos puede ser una buena estrategia para que te consideren uno de ellos.

6. Daños en la corteza prefrontal: imposible comunicarse.
Finalmente, los daños en la corteza prefrontal harían imposible cualquier intento de comunicarse con un zombi o tratar de hacerle entrar en razón. Es decir, a pesar de que puede ser uno de tus seres queridos, no hay razonamiento con ellos. Su corteza prefrontal, así como la producción del lenguaje y las áreas de comprensión, están tan dañados que no hay ninguna posibilidad de comunicación. "¡No seas víctima de tu propia ignorancia del cerebro!", bromean los autores.

Por supuesto, estos aspectos no pretenden hacer burla de las personas con daños cerebrales, ni decir que estas personas con daño cerebral sean zombis, son solo un intento de enseñar algo de ciencia de forma divertida. Si alguien aprende algo sobre el cerebro en el camino, tal como señala Voytek, se habrá alcanzado el objetivo.

Cuando nuestro equipo de fútbol gana...

Con motivo del reciente campeonato de México en el mundial sub-17, y a que la final de la Copa América esta cerca, uno de los fenómenos psicológicos/sociológicos/antropológicos que más me fascina es la fervorosa adscripción de un aficionado al fútbol con su equipo. Hasta el punto de que si su equipo gana un partido, parece sentirse como si él mismo hubiera ganado el partido. De hecho, no nos costará ver cómo el aficionado del equipo ganador ridiculiza al aficionado del equipo perdedor, como si el perdedor fuera más el aficionado y no el equipo.

Sospecho que este fenómeno me fascina tanto porque nunca he sentido nada ni remotamente parecido (supongo que influirá el que no me fascina el fútbol, no sé; aunque me encanta la música y tampoco he sentido ningún orgullo especial cuando un mexicano se ha llevado un Grammy, por ejemplo). En cualquier caso es un fenómeno muy común. Tan común y universal que incluso tiene un nombre: el efecto Basking In Reflected Glory.

Este efecto (Basking In Reflected Glory, es decir, Complacencia en la gloria reflejada) es el responsable de que nos guste decir a los demás con orgullo que nosotros fuimos a la misma escuela que determinada celebridad, y que la gente diga “nosotros ganamos” cuando en realidad ganó un equipo de jugadores que patean el balón a cambio de sumas astronómicas de dinero.
.
Pero dicho efecto tiene otras implicaciones más sutiles, aunque sumamente interesantes. Por ejemplo, que la gente tienda a mentir sobre su fecha de nacimiento para fijarla en días señalados. Una tendencia que incluso podemos observar en el clero. Sí, leíste bien. A los curas les encanta nacer en Navidad.

El análisis lo realizó Albert Harrison, de la Universidad de California. Recorriendo sus registros, clasificaron cada miembro del clero en uno de dos grupos: “clero eminente” eran aquéllos cuyo rango era el de obispo o más elevado, mientras que “clero no eminente” incluía a todos los demás. Sólo por azar, uno esperaría que aproximadamente el mismo porcentaje de ambos grupos hubiese nacido en Navidad. En realidad, una cantidad significativamente mayor de clérigos eminentes que de no eminentes afirmaba compartir cumpleaños con Cristo, lo que tal vez pruebe la idea de que cuanto más alto subes en el clero, más necesidad tienes de acercarte a Jesús :P.

Pero no sólo el clero es víctima de este efecto. Todas las celebridades, a medida que escalan socialmente, intentan ajustar su fecha de nacimiento para que el evento tenga un aspecto más, digamos, auspicioso, o por otros muchos motivos que tienen que ver con esta “Complacencia en la gloria reflejada”.

La madre del eminente escritor de novelas de misterio Georges Simenon confesó haber falseado la fecha de nacimiento de su hijo, al decir que fue un día antes del viernes 13 de febrero de 1903 porque pensaba que el 13 “sería un sino muy duro día para su dulce bebé recién nacido”. Si esta interpretación de los resultados es válida, entonces sería un error concluir que los clérigos de alta jerarquía son más proclives a mentir que los de baja jerarquía. En cambio, la evidencia sugeriría que son los mismos padres de los altos prelados quienes son especialmente mentirosos. Tal vez esto represente una de las pocas veces en las que hay evidencia empírica para respaldar la noción bíblica de que los pecados de los padres caerán sobre sus hijos.

Las personas cultas tienen mejor salud...


Ser culto, pintar, ir al teatro o al museo y demás actividades podrían estar vinculadas a una mejor salud. Al menos es lo que sugiere un estudio de científicos noruegos realizado sobre más de 50,000 adultos que fue publicado por la revista Journal of Epidemiology and Community Health.

Mejor salud y menor propensión a sufrir ansiedad o depresión.

Además, parece que los efectos positivos son mayores si somos cultos a nivel pasivo y no activo. Es decir, tocar un instrumento o pintar es bueno para nuestra salud. Pero estar simplemente interesado en consumir productos culturales todavía lo es más. Además, cuantas más actividades culturales experimentaban, mayores eran los beneficios de salud.

Según los autores, “los resultados de este estudio indican que el empleo de actividades culturales en la promoción y el cuidado de la salud podría estar justificado“.

Los investigadores noruegos utilizaron cuestionarios para determinar con qué frecuencia 50,797 adultos residentes de Nord-Trondelag del Condado en el centro de Noruega participaban en actividades culturales y valorar su estado de salud, su satisfacción con la vida y sus niveles de ansiedad o depresión.

Señala el autor del estudio, Cuypers Koenraad, de la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología: "Los hombres parecían tener mayores beneficios para la salud cuando participaban en diferentes actividades culturales receptivas que las mujeres."

Cuypers dice también que los resultados sean probablemente parecidos en otras poblaciones europeas, pero que se necesita más investigación para entender cuándo y cómo las actividades culturales impulsan la salud. El estudio no siguió a los participantes a través del tiempo, por lo que los investigadores no pueden estar seguros de si existe una relación de causa-efecto entre las actividades culturales y la salud percibida. En la actualidad, investigan las interacciones entre los genes y el medio ambiente para comprender la conexión entre la cultura y la salud.

El origen del nombre de los dedos de la mano...


Los nombres por los que conocemos a los dedos de la mano nos han llegado desde el latín.

El primero de ellos —también conocido como dedo gordo por su tamaño y longitud— recibe el nombre de pulgar. Proviene del término latino pollex-icis, por lo que debería llamarse “polgar”, pero el hecho de que era el dedo utilizado para aplastar a las molestas pulgas hizo que su nombre derivara en pulgar.

El dedo índice debe su nombre al término latino index-icis, por ser el dedo indicador, el revelador, el utilizado para señalar.

El dedo corazón -también conocido como mayor por su longitud- debe su nombre al término latino cordis, ‘corazón’, debido a que los juramentos de los servidores de una casa real se pronunciaban levantando unidos el dedo índice y el dedo central, cruzando el pulgar con el cuarto dedo y apoyando el conjunto sobre el pecho, justo sobre el corazón.

El dedo anular recibe su nombre de la costumbre de portar anillos en los dedos. Cuando solamente se lleva uno se suele hacer en este dedo, que recibe el nombre de anular por el término latino anulus, ‘anillo’.

El dedo meñique es el más pequeño, por eso su nombre proviene del término latino minimus, ‘el más pequeño’.