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sábado, 4 de septiembre de 2010

Origen de la famosa marca Adidas...


La famosa multinacional que comercializa ropa, material y calzado deportivo fue fundada en 1920 por un emprendedor alemán, Adolf Dassler.

Todo comenzó al cumplir los 20 años, cuando inventó los zapatos de clavos para correr en pista. Cuatro años más tarde, Adolf (Adi para los amigos) fundó junto con su hermano Rudolf (Rudi) una empresa llamada Gebrüder Dassler OHG, que se instaló en su pueblo natal, Herzogenaurach, donde su padre tenía una pequeña zapatería.

Al año siguiente (1925), los hermanos Dassler se centraron en el calzado para el fútbol, deporte favorito de Adi, e inventaron una bota de cuero con tacos. Cada día sus talleres fabricaban de treinta a cincuenta pares de botas.

Diez años más tarde, con ocasión de los Juegos Olímpicos de Berlín (1936), un atleta negro, Jesse Owens ganaba cuatro medallas de oro (100 y 200 metros lisos, salto de longitud y 4 x 100 metros). Un triunfo que, a los ojos de todo el mundo, puso en ridículo a los que pretendían una supuesta superioridad de la raza aria y al mismísimo Adolf Hitler. Jesse Owen iba calzado con las zapatillas de clavos inventadas por los hermanos Dassler.

Tras doce años más de colaboración, los dos hermanos se separaron en 1948. Adolf se acordó del diminutivo que había conservado siempre, Adi. Como el nombre le pareció insuficiente, añadió las tres primeras letras de su apellido (Das), de donde salió la reconocida Adidas.

Como última curiosidad, su hermano Rudolf fundó Puma, que se convertiría en una de las principales competidoras de Adidas en Europa.

viernes, 14 de noviembre de 2008

En el país futbolero...


Esto salió solo en la TV en canal 11, y solo se publicó en la Jornada.

El 4 de junio del presente año, Carolina Aranda Cruz, de 11 años, estudiante de quinto de primaria, fue invitada a dar un discurso en el World Trade Center ante cientos de pediatras y del secretario de Salud. Su discurso terminó con una frase devastadora:

--‘Pobre México nuestro, tan cerca del futbol y tan lejos de la ciencia’.

Algunos extractos de su discurso son apabullantes; Carolina dice:

--¿Por qué apoyar más a los futbolistas que a los científicos? ¿Son mejores personas? ¿Producen mayor riqueza? ¿Nos divierten más? No creo, gracias a los científicos también nos divertimos, ellos inventaron las computadoras, los i-pods, los simuladores.

Además, salvo algunos casos, los jugadores de futbol nos hacen ver muy mal mundialmente y nuestros científicos, que nadie apoya, no’.

Y en otro segmento de su discurso expone:

--‘Me da pena que nuestro gobierno y nuestros empresarios inviertan tanto en futbol y seamos tan malos. Me da pena que inviertan tan poco en ciencia y seamos tan buenos. Tenemos la mejor universidad de Hispanoamérica, según la revista Time, y cada vez le damos menos recursos a la UNAM. ¿Por qué no apoyar a lo que ya dé resultados? Un país que no invierte en ciencia y educación siempre será un país pobre. ¿Queremos un México pobre?’

¡Qué les parece! Carolina le dio al clavo, y por demás, pues tiene razón.

Ya lo vimos, por poco perdemos en futbol con Cuba, país donde ese deporte casi no se juega, y perdimos con Honduras. Pero ejemplos de ésos abundan en la historia del futbol mexicano. Por otro lado, cabe mencionar otra vergüenza. El discurso de Carolina sólo tuvo eco en un medio de comunicación escrito y en uno televisivo. La pobreza noticiosa de los medios de comunicación también se evidenció.

Y las cosas no cambian. Hace más o menos seis años, tres jóvenes mexicanos ganaron medallas de plata y bronce en una olimpiada científica en Dinamarca, donde compitieron 52 países. Ningún medio de comunicación vio importancia alguna en mencionarlo en algún segmento. Estaban muy ocupados con señalar las medallas de Ana Guevara, de quien también estamos muy orgullosos. Pero tanta diferencia, ¿se vale? Yo pienso que no. Hace algunas semanas Televisa llevó a cabo su foro anual llamado Espacio. Creo que cerca de 5 mil universitarios asisten para escuchar a diversos personajes de la vida académica y política.

Entre los invitados estuvo el actual director del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), Juan Carlos Romero Hicks. La ocasión hubiera sido perfecta para hablar sobre los proyectos que tendría el Conacyt para impulsarlas oportunidades en la ciencia para los jóvenes, o de las estrategias para desarrollar la tecnología que requiere el país en los próximos años y que podría abrir abanicos de oportunidad para la juventud.

Pero no, habló sobre la moral.

Yo no tengo nada en contra de la moral, pero hubiera sido moralmente más correcto para el director del Conacyt explicar, presentar o desarrollar temas sobre los cuales cientos de jóvenes en el país están preocupados y que se relacionarían con su futuro como mexicanos con oportunidades.