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domingo, 5 de febrero de 2012

Coca-Cola...






Excelente publicidad, pero surge la pregunta obligada:

¿Qué le pasa a tu organismo al beber una coca-cola?


¿Te has preguntado alguna vez por qué Coca-Cola siempre se acompaña con una sonrisa? Porque te “coloca”, en términos coloquiales al referirme a ponerse eufórico por efecto de las drogas o de bebidas alcohólicas. Y esto a pesar de que hace ya casi cien años que quitaron la cocaína de la fórmula ¿y sabes por qué? porque era innecesaria.

¿Que sucede?

En los primeros 10 minutos: 10 cucharaditas de azúcar entran en tu sistema digestivo (el 100% de la ingesta diaria recomendada) y lo único que impide que vomites debido a esta dulzura abrumadora por tanto edulcorante es el uso del ácido fosfórico, que disimula el sabor manteniendo niveles bajos permitiéndote digerirlo.

A los 20 minutos: Tus niveles de azúcar se disparan, causando un aumento en la secreción de insulina. El hígado responde con vías metabólicas para convertir todo el azúcar que encuentra en grasa (para este momento hay mucho azúcar en tu organismo).

A los 40 minutos: La absorción de cafeína se completa. Tus pupilas se dilatan, tu presión sanguínea se eleva, y como respuesta tu hígado introduce más azúcar al torrente sanguíneo. Los receptores de adenosina en tu cerebro se bloquean, esto para evitar la somnolencia.

A los 45 minutos: Tu cuerpo aumenta la producción de dopamina, estimulando los centros de placer en tu cerebro. Básicamente, de manera similar actúa la Heroína.

A los 60 minutos:
El ácido fosfórico se une al calcio, magnesio y zinc en tu intestino grueso, proporcionando un nuevo impulso a tu metabolismo. Esto acompañado por las altas dosis de azúcar y edulcorantes artificiales que aumentan la excreción urinaria de calcio.

Las propiedades diuréticas de la cafeína entran en juego (tienes que ir a orinar). Éste es el momento en que expulsas el calcio, magnesio y zinc que debería ir dirigido a tus huesos, así como también sodio, electrolitos y agua.
A medida que el delirio provocado dentro de tu organismo se extingue, termina la dosis de edulcorantes y empiezas a notar la falta de azúcar, el bajón, con lo que te pones irritable y/o depresivo. Ahora mismo, literalmente, haz orinado todo el agua que contenía la bebida, pero no sin antes acompañar la expulsión de valiosos nutrientes que tu cuerpo podría haber empleado para cosas como hidratarte o formar huesos y dientes más fuertes.

Importante es aclarar que Coca-Cola en sí no es el enemigo aquí. Es la combinación dinámica de dosis masivas de azúcar combinadas con cafeína y ácido fosfórico, que se encuentran en casi todos los refrescos.

Y, ¿Qué pasa si eres un bebedor frecuente (como la mayoría de quien lee este post)?

He aquí un panorama general de lo que sucede, en pocos años, después de beber Coca-Cola en forma regular:

Obesidad o “You´ll be fatter”: De acuerdo a la investigación del Nurse´s Health Study, que monitoreo la salud de 90 000 mujeres durante ocho años, beber un solo refresco casi todos los días de la semana aumentaba casi 5 kilos en un período de cuatro años.

Diabetes: En el Nurse´s Health Study, las mujeres que refirieron beber una o más porciones al día de refresco eran dos veces más propensas a desarrollar diabetes tipo 2, que los que rara vez consumen estas bebidas.

Enfermedades del corazón: Un estudio publicado en 2007 en Circulation, la revista de la American Heart Association, reveló que los sujetos que bebían un refresco todos los días durante un periodo de 4 años tenían un 25% de probabilidad de desarrollar niveles altos de glucemia, así como un 32% mayor de desarrollo de niveles bajos de colesterol HDL (colesterol “bueno”). El Nurse´s Health Study encontró que las mujeres que bebían más de dos refrescos al día desarrollaron un riesgo 40% mayor de sufrir ataques cardiacos o muerte por enfermedad cardiaca.

Varios estudios, incluyendo el estudio del 2007 en Circulation, sugieren que las gaseosas dietéticas tienen algunos de los mismos efectos sobre la salud que los refrescos regulares, a pesar de que se anuncian con nada o poco de azúcar. ¿Por qué? El beber refrescos suele ser parte de un estilo de vida en general no muy saludable.

¿quienes son los responsables de lo anterior?

Acerca de la Coca Cola hay muchos mitos. El más difundido es, sin duda, el secretismo que envuelve su composición química exacta: la responsable de los efectos anteriores. Incluso recuerdo cuando se decía que sólo dos personas conocían esa fórmula secreta y que las dos no pueden volar en un mismo avión, por si el avión se estrellara y el secreto muriera con ellos.

Conocer la fórmula de la Coca Cola es, sin embargo, relativamente fácil. Sólo hace falta usar durante unos segundos un espectrómetro óptico.

Si nadie ha reproducido el sabor de Coca Cola con otra marca es sencillamente porque la fórmula está protegida con Copyright. Por ejemplo, la formula de la Pepsi tiene una diferencia básica con la de la Coca Cola y es intencional, para evitar demandas.

La formula de la Coca Cola es muy sencilla:
• Concentrado de azúcar quemada –caramelo– para dar color oscuro y gusto.
• Ácido fosfórico (sabor ácido)
• Azúcar (HFCS-jarabe de maíz de alta fructosa)
• Extracto de hojas de la planta de Coca (África e India) y otros pocos aromatizantes naturales de otras plantas.
• Cafeína.
• Conservante que puede ser Benzoato de Sodio o Benzoato de Potasio
• Dióxido de Carbono en cantidad para freír la lengua cuando se bebe.
• Sal para dar la sensación de refrigeración.



DIEZ CURIOSIDADES
1. Se consumen 8 mil botellas de Coca-Cola por segundo en el mundo.
2. Coca-Cola es la única compañía del mundo que puede comercializar una cantidad mayor al medio kilogramo de hojas de coca.
3. México consume más Coca-Cola que los EE.UU y es el país con mayor consumo de la bebida.
4. La gaseosa se vendía por vaso en la farmacia Jacobs. Su creador John Pemberton estaba tratando de desarrollar un remedio para los dolores de cabeza y no específicamente una gaseosa. El logotipo de la marca, y la caligrafía tan particular, fue creado por un amigo de Pemberton. Frank Robinson, era un contador.
5. La botella de Coca-Cola figura en el MoMA, Museo de Arte moderno en New York, por ser un excelente objeto de diseño y un producto de contemplación universal.
6. Si hubieses comprado una acción de Coca-Cola a 100 dólares en 1892 hoy tendrías 2000 millones de la moneda americana.
7. Si sumamos todas las botellas de Coca-Cola que se han fabricado, poniéndolas en fila pegadas una al lado de la otra, se alcanzaría más de 1000 veces el recorrido a la luna ida y vuelta.
8. La mejor campaña de Coca-Cola en la historia es la de los osos polares. La campaña de los osos polares fue muy resistida por creer que fracasaría. Demostró todo lo contrario.
9. El mayor anuncio de Coca-Cola está ubicado en Arica, Chile, y mide 122 metros de ancho por 40 metros de altura.
10. Que Santa Claus, o San Nicolás, viste de rojo y blanco porque son los colores de Coca-Cola es una leyenda urbana.

Extra
Un reciente experimento ha revelado que basta que sepamos que estamos consumiendo algo para que lo apreciemos de una u otra forma.

Por ejemplo, si a una persona que le gusta la Coca-Cola se le da a beber un vaso de ésta (siendo consciente de que bebe Coca-Cola desde el primer momento) los sistemas de recompensa del cerebro (placer) responden como se podría esperar, es decir, en positivo, y, como consecuencia, el sujeto experimenta y expresa una sensación de placer. Pero si a esta misma persona se le da la misma bebida, pero sin que sepa de qué bebida se trata (aun cuando la reconozca inmediatamente por el sabor), y mientras la bebe se le dice explícitamente que está bebiendo su bebida favorita, entonces los sistemas de recompensa (placer) responden con mucha más intensidad que antes.

sábado, 29 de octubre de 2011

Eritronio: el elemento mexicano...


Sucedió en 1801. El mineralogista español-mexicano Andrés Manuel del Río Fernández analizaba muestras de un mineral procedente de Zimapán (municipio del actual estado de Hidalgo) al cual denominó plomo pardo de Zimapán. De este mineral descubrió la presencia de un nuevo elemento al cual llamó pancromio, al ver la variedad de colores que presentaban sus compuestos. Posteriormente, lo renombró como eritronio ya que al calentar estos compuestos se volvían rojos.

Tras platicar sobre su descubrimiento con el naturalista Alexander von Humboldt, el alemán puso en duda la existencia de un nuevo elemento al suponer que en realidad era cromo, poco conocido en ese entonces. Humboldt envió una muestra del plomo pardo de
Zimapán al Instituto de Francia, donde el químico Collet Descotils, encargado de analizar el mineral, dictaminó en 1805 que no había ningún nuevo elemento. Es probable que Descotils haya hecho las pruebas sin demasiado entusiasmo dado el comentario de Humboldt. Por esta misma razón, Del Río estuvo conforme con los resultados.

De acuerdo con una carta enviada a Humboldt fechada en 1817, Del Río cambió de opinión y le reclamó que hubiese minimizado su descubrimiento:
..."En otro tiempo le di, sin habérmelo rogado, pedazos de plomo pardo de Zimapán,
junto con mi análisis que me había oído presentar al Instituto (de Francia); pero luego tuvo por más conveniente regalársela a su amigo (Collet Descotils), por la razón sin duda de que los españoles no podemos hacer ningún descubrimiento, por pequeño que sea, de química ni mineralogía, por ser monopolio extranjero...".


Y el eritronio pasó al olvido.

Fue hasta 1830 que fue redescubierto en una mina sueca por Nils Gabriel Sefström quien, al desconocer las investigaciones de Del Río e impresionado por la belleza cromática de los compuestos de este metal, lo denomina vanadio en honor a Vanadis, la diosa nórdica de la belleza.

En ese mismo año, el químico alemán Friedich Wöhler trabajaría con unas muestras del mineral de Zimapán y concluye que el eritronio y el vanadio son el mismo elemento.

Don Andrés, irónico frente al despojo, comentó: “el uso, que es tirano de las lenguas, ha querido que se llame vanadio, por no sé que divinidad escandinava; más derecho tenía otra mexicana, que en sus tierras se halló hace treinta años”.

Hubo intentos sin éxito para que se le cambiara el nombre a este elemento. El geólogo estadounidense George William Featherstonhaugh propuso el nombre de Rionio en honor al descubridor original.

El último esfuerzo lo realizaron el físico mexicano Manuel Sandoval Vallarta y el historiador Arturo Arnaiz y Freg ante la Comisión Internacional de Nomenclatura Química, en 1948.

martes, 5 de julio de 2011

Un arsenal químico llamado Chocolate...


¡Nada endulza sonrisas, levanta enfermos, resuelve disputas y reconcilia amores como el chocolate! ¡Bendita droga permitida! Mientras que el alcohol embrutece, y el café desata ansiedades, el chocolate nos torna en seres mejores: joviales, generosos, apacibles, compasivos..., en suma, nos acerca a los ángeles. ¿Cuál es el secreto? ¿Cuál es esa afortunada mezcla de alcaloides, qué soborna a los sentidos, al gusto, al olfato, al tacto, a la vista..., a todos al mismo tiempo, para despertar en la memoria momentos felices y cuentos entrañables? Esto es la magia del chocolate.

El chocolate cautiva los sentidos por su sabor, aroma y textura; sus propiedades se relacionan con el placer y el aprendizaje, entre muchas otras sensaciones, y sus beneficios a la salud son innumerables.

Según una leyenda azteca, el cacao era alimento exclusivo de los dioses, pero Quetzalcóatl regaló unas semillas a los toltecas y les enseñó a preparar chocolate. El pueblo tolteca prosperó en riqueza y sabiduría pero, un día, los dioses se dieron cuenta de que su hermano Quetzalcóatl les había robado esas semillas para dárselas a ellos, y que por eso ahora los toltecas bebían de ese elixir que era privilegio de los dioses. Decidieron vengarse. Un dios se disfrazó y convenció a Quetzalcóatl de que probara una nueva bebida que le quitaría todas sus penas: el pulque (tlachihuitli). Tras una enorme guarapeta (o borrachera), al día siguiente Quetzalcóatl se sintió tan mal por la vergüenza (y por la cruda, me imagino :P), que decidió marcharse del pueblo, llevándose consigo las semillas.


Por fortuna, en el camino unas poquitas de ellas se le cayeron de la mano (al parecer, por la región de Tabasco) y todo el cacao que ahora tenemos desciende de ellas. ¿Qué de esta leyenda es cierto?… ¡El genoma nos lo dirá! (El cual ya se logro secuenciar).

Así, los españoles encontraron a los nativos gozando de cabal salud, en buena medida por su buena alimentación que incluía al chocolate, ese regalo de Quetzalcóatl a su pueblo. Hoy el regalo se encuentra extendido por todo el mundo y pareciera –por los datos de producción y consumo- que en nuestro país hemos menospreciado tan suculento regalo.

Por otra parte, el consumo frecuente del chocolate tiene relación sólo con el bienestar que produce y no con una conducta adictiva. Parece perfecto, pero algún defecto había de tener el chocolate, si!! tiene que ver con las calorías que contiene :P.

Sin embargo, hasta hace relativamente poco tiempo el chocolate dejó de ser un dulce más, para convertirse en una “superfruta”, un alimento que por sus cualidades y características podría compararse con uno de esos “productos milagro” que promueve la mercadotecnia, que supuestamente alivian todo mal. Sólo que en el caso del chocolate, como mencionaba sus virtudes se han venido comprobando desde hace siglos.


Por otro lado, la mirada que la ciencia hace en los alimentos en el siglo XXI, pasa a través de los ojos de la química. Ésta reconoce el importante papel que juegan muchos de los nutrimentos de la dieta en la prevención de enfermedades. No en balde se ha acuñado el término “nutracéuticos” para denominarlos. Pero la mirada es profunda y llega a identificar compuestos que, además de nutrirnos y aliviarnos, afectan nuestro ánimo y humor, nuestra vigilia y nuestro placer.

Y es gracias a la química que hoy en día revalorizamos los productos que consumimos, particularmente los autóctonos, al establecer una clara relación entre los compuestos químicos de la dieta y la salud. Así, hoy es casi del conocimiento general que ciertos componentes del chocolate tienen efectos benéficos que protegen al corazón: dilata las arterias musculares y evita la disfunción endotelial; modifica las propiedades de las membranas celulares y las funciones de sus receptores; impacta el ambiente óxido-reductor, e influye en la expresión de los genes y la actividad de las proteínas.

Al mismo tiempo que se descubre esta relación de causa-efecto, se reconoce también que en el chocolate, como en otros productos naturales, el arsenal de compuestos químicos, como un todo, es mucho más poderoso que la suma de sus partes.

Otro de los grandes avances científicos de nuestra era, consiste en haber descubierto el papel que juegan determinadas moléculas en el dolor, la depresión, el bienestar, el apetito o la memoria. Por lo general, estas moléculas actúan sobre regiones de la superficie de la célula (receptores), de manera análoga a como una llave actúa sobre una cerradura, abriendo así las puertas de nuestra percepción a experiencias específicas generadas por cada molécula: son las moléculas de las emociones.

“Lípidos de almacenamiento, flavonoides, proantocianinas, teobromina, terpenos aromáticos”… La sola mención de estos nombres nos debería hacer salivar. Son las moléculas que le dan al chocolate sus cualidades incomparables.


Ciertas drogas, como la morfina, tienen un efecto en el sistema nervioso central, por el hecho de ser reconocidas por estas cerraduras en la superficie de las células, generando, al interaccionar, un potentísimo efecto analgésico. Al receptor con el que actúa la morfina se le conoce como receptor “opioide”.

Cuando se descubrió que ésta y otras drogas actuaban mediante el reconocimiento por los receptores, inmediatamente surgió la interrogante e hipótesis: ¿habrá entonces una sustancia natural que tenga tal efecto? Fue así como se descubrieron las encefalinas y las endorfinas, que producen en nuestro cuerpo un efecto mucho más suave (y natural) que el de la morfina. De hecho, la morfina es más potente, pues el cuerpo la absorbe y la elimina muy lentamente. Con el tiempo, se encontraron otros “falsos activadores” como la codeína y el demerol.

En 1988 se descubrieron los receptores del THC (tetrahidrocanabinol), el componente activo de la mariguana. Como es lógico, nuestro cuerpo no produce los THC de la mariguana, aunque sí existe una cerradura (un receptor) para ellos: pero si no fumamos, ¿quién y cuándo lo activa? La molécula activadora fue descubierta por el Israelí Raphael Mechoulam, en 1992: la araquidonil etanolamida, que más tarde se denominaría anandamida, del sánscrito Ananda: belleza interior.

La anandamida puede filtrarse a través de la membrana que aísla al cerebro de la corriente sanguínea, interaccionando con nuestro sistema nervioso. Su forma en el espacio se parece mucho a la del THC. Pero a diferencia del THC, la anandamida es frágil y se degrada fácilmente en el cuerpo. Se sintetiza en áreas del cerebro, importantes para la memoria, el razonamiento complejo y el movimiento. Las conexiones y la comunicación entre nuestras células nerviosas, están asociadas también con el aprendizaje y la memoria. Las células nerviosas hacen nuevas conexiones y rompen otras. Así, la anandamida juega un papel clave en crear y destruir conexiones neuronales y puede inducir el olvido.

También podemos usarla como un sedante. Animales tratados con anandamida caminan menos y se echan más, baja su temperatura y su ritmo respiratorio… ¡entran en paz!

Pues bien, hay tres compuestos en el chocolate que se parecen mucho a la anandamida, reportados por Daniele Piomelli y sus colaboradores del Instituto de Neurociencias de San Diego. También encontraron N-acil etanolaminas que bloquean el rompimiento y la degradación de la anandamida, por lo que su efecto es duradero.

Piomelli especula que parte del placer que ocasiona el chocolate viene de la anandamida y las N-acil-etanolaminas que la conservan. Claro que comer un chocolate es una experiencia mucho más ligera que fumar mariguana. Fuera del cerebro, la anandamida es más abundante y sirve como mensajero entre el embrión y el útero, durante la implantación del embrión. De esta manera, la anandamida es el medio que sirve para las primeras comunicaciones entre madre e hijo.

Como quiera que sea, ofrecer chocolates es una de las muestras más expandidas de afecto, probablemente ligadas al efecto de estos compuestos sobre los receptores de nuestra felicidad.


Así que toma conciencia de la danza de todos estos compuestos en nuestras células, cada vez que degustas un chocolate. Disfruta de los cambios de fase del chocolate en tu boca; nota cómo los glóbulos de grasa recubren tus papilas gustativas y percibe el aroma de los volátiles que llegan hasta tu nariz; vive la captura de los radicales libres que por un tiempo dejarán en paz a tus moléculas más sensibles, al tiempo que tus arterias se dilatan; experimenta un ligero incremento en tu ritmo cardiaco y en tu estado de alerta, y siente cómo recuperas esa sensación amorosa por la vida, por lo que te rodea y, sobre todo, por quien puso el chocolate en tus manos ;D.

Sin duda una deliciosa manera de celebrar este 2011 como Año Internacional de la Química.

Finalizo citando a Napoleón III "El cacao no es una mercancía de lujo, ni tampoco una golosina. Sus propiedades higiénicas y nutritivas son indiscutibles, y dada la forma en la que su aroma y sabor agradan a nuestro olfato y paladar, forma parte de los alimentos de gran consumo que yo declaro libres de impuesto fiscal. Ya que esto es fisica y moralmente saludable." (1860)


Fuente: UNAM, Nature, NatGeo, Wikipedia, Nature Genomics.